¡Oh! Reflexiones cotidianas que llevan a Dios.

A los ojos del discípulo todo remite al Maestro. A los ojos del creyente todo remite a Dios. Y ante tal despliegue de PRESENCIA -a menudo casi imperceptible, como la “brisa suave” de Elías (1Reyes 19)- sólo me cabe la admiración, el sobrecogimiento, un “gracias” colmado de ternura y de misericordia. El Padre Claret fue así. Un “místico de la acción”. Un hombre que, en todo, veía la mano providente del Padre que teje con hilos dorados la historia de la persona, de la sociedad, de la Iglesia, del mundo. Por eso en él son tan frecuentes los “¡Oh!” cargados de emoción, de fascinación, de sobrecogimiento. Así, por ejemplo, dice en su Autobiografía (nº 76) (podemos encontrar más de 100 veces dicha expresión en ella):

¡Oh Dios mío! ¡Cuán bueno y admirable habéis sido para mí!… ¡De qué medios tan extraños os valisteis para arrancarme del mundo!

[Sobre este hábito  del Padre Claret de exclamar a menudo “OH” ante la actuación de Dios en su vida podéis leer este artículo de Juan Carlos Martos, cmf, en esta misma página]

Y así es. Dios se sirve de medios extraños, a menudo sencillos y cotidianos, para “sacarnos del mundo” y dejarnos traslucir su Amor misericordioso que nos empuja a la Misión de anunciar la Buena Noticia.

Tomas Mekar Joustefen, misionero claretiano diácono temporal, nos va a ayudar a descubrir algunas de esas “llamadas” de la cotidianeidad que nos hablan del Padre. 

Esperamos que las disfrutéis.

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