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MISIONEROS CLARETIANOS
Nuestra Congregación fue fundada por el Arzobispo San Antonio Mª Claret en Vic (España), el 16 de Julio de 1849. Nos llamamos Hijos del Inmaculado Corazón de María o Misioneros Claretianos. El objeto de nuestra Congregación es buscar en todo la gloria de Dios, la santificación de sus miembros y la salvación de los hombres de todo el mundo, según nuestro carisma misionero en la Iglesia (CC 1-2).
Los 3000 Misioneros Claretianos estamos en los cinco continentes a través de unas 350 comunidades en más de 60 países distintos. Somos originarios de 55 naciones distintas y hablamos cerca de 80 lenguas maternas. Nuestra vocación especial en la Iglesia es el servicio de la Palabra de Dios con el que anunciamos el Evangelio de Cristo. Cumplimos esta misión suscitando y consolidando comunidades cristianas, renovando la vida cristiana y ayudando a llevarla hasta el pleno seguimiento de Cristo. Empleamos todos los medios posibles desde el sentido de intuición, disponibilidad y catolicidad. Somos, antes que nada, misioneros.
Nuestra espiritualidad se inspira en la definición del misionero que nos dejó San Antonio Mª Claret:
“Un Hijo del Inmaculado Corazón de María es un hombre que arde en caridad y que abrasa por donde pasa. Que desea eficazmente y procura por todos los medios encender a todo el mundo en el fuego del divino amor. Nada le arredra; se goza en las privaciones; aborda los trabajos; abraza los sacrificios; se complace en las calumnias; se alegra en los tormentos y dolores que sufre y se gloría en la cruz de Jesucristo. No piensa sino cómo seguirá a Jesucristo en orar, trabajar y sufrir, en procurar siempre y únicamente la mayor gloria de Dios y la salvación de todos”.
Vivimos nuestra espiritualidad claretiana en el camino del Pueblo de Dios, fieles a la herencia recibida de nuestro Fundador y en medio de este cambio de época. Y lo hacemos desde la espiritualidad cordimariana porque el P. Claret nos presentó el Corazón de María como la fragua ardiente donde nos forjamos para el ministerio. Por eso, nuestro estilo de vida recibe del Corazón Inmaculado de María, madre de la Congregación, una impronta peculiar. Ella nos enseña que, sin corazón, sin ternura, sin amor, no hay profecía creíble.
Los misioneros claretianos queremos renovar nuestro espíritu misionero volviendo a la audacia de nuestros orígenes. Nuestro último Capítulo General (Roma 2003) marca como prioridades para estos años, entre otras, el trabajo en misión compartida con los seglares y con otras formas de vida en la Iglesia; la solidaridad con los excluidos y aquellos que ven amenazado su derecho a la vida; el diálogo ecuménico, interreligioso e intercultural…, así como el cuidado de nuestra vida comunitaria y la revisión de nuestras estructuras apostólicas para servir mejor al Evangelio. Ahora preparamos el próximo Capítulo (Roma, agosto de 2009) en el que reflexionaremos sobre nuestra identidad claretiana en el contexto actual bajo el tema: “Llamados a evangelizar: ¿Cómo vivir hoy nuestra identidad claretiana?”.
Para llevar adelante la misión de anunciar el Evangelio que el Señor nos ha encomendado, se necesitan nuevos misioneros que surjan de entre los jóvenes cristianos que estén dispuestos a escuchar la llamada del Señor.
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