«¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo»!. 

¡No acabamos de fiarnos de Jesús!. 

Los discípulos tienen el viento contrario. 

El miedo les hace dar gritos porque creen ver un fantasma. Tampoco acaban de fiarse de Jesús. 

Pero es Jesús quien calma los vientos y disipa los miedos.

Pon todos tus miedos y temores en las manos de Jesús. 

Déjate conducir por Él. 

Aviva hoy tu confianza en Jesús. 

También Él te dice a tí: «¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!». Abandónate en sus manos con absoluta confianza. Él es tu roca salvadora. 

Buenos días.

Antonio Sanjuán Marín, cmf

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