«Cuando entraban con el Niño Jesús sus padres para cumplir con Él lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: «Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel».

Un anciano recibe hoy a Jesús hecho niño. Los brazos del anciano Simeón son como el cáliz que recoge la salvación esperada durante siglos por el pueblo de Israel y por toda la humanidad.

     + Los brazos de Simeón sienten que El Salvador ha llegado. 

     + Sus ojos, de anciano cansado, ven la luz de la salvación. 

     + Y sus labios, que tantas plegarias han formulado, proclaman la luz de la salvación para todos los pueblos.

     * Que tus brazos trabajen para que el mundo sienta que la salvación ha llegado y está presente. 

     * Que la alegría de tus ojos, de tus palabras y de tus gestos muestren la luz de la salvación. 

     * Que también tus labios anuncien a Jesucristo, El Salvador y la Luz del mundo. 

Buenos días.

Antonio Sanjuán Marín, cmf

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