Álvaro Rodríguez Jover es un misionero claretiano de Málaga que no hace mucho llegó a nuestra Misión en Zimbabwe. Está siendo para él un tiempo intenso de aprendizaje, servicio…y fe. Precisamente sobre esta última va parte del texto que comparte con nosotros para esta sección y que os reproducimos a continuación. Sin lugar a dudas, a Álvaro, como a tantos otros miembros de nuestra Congregación… sí que les «ha tocado el Gordo de la Lotería» en forma de misión entre los más pobres y sencillos.

¿CÓMO SE MIDE LA FE?

¡Hola! Comparto contigo algunas de mis experiencias por Zimbabwe. En este tiempo he podido ver de primera mano lo que han hecho mis hermanos claretianos en estos años, y doy gracias a Dios por su celo misionero. Hoy estamos presentes en tres comunidades, llevando a cabo tareas tales como pastoral parroquial, pastoral colegial, promoción social, formación de líderes evangelizadores, promoción vocacional y formación de jóvenes misioneros zimbabwanos, entre otras.

Desde que llegué he tenido que ir adaptándome a horarios, ritmos de vida, y a todo lo que conlleva otra cultura. No ha sido difícil, aunque aún me queda por hacer. Si me preguntas qué es lo más difícil te respondo rápido, la lengua.

¿Qué he aprendido en este tiempo? Mucho. Me quedo con lo que me ocurrió al poco de llegar, cuando fui a pasar el triduo pascual a Zhomba. Yo iba a quedarme en la residencia de la comunidad, pero al llegar uno de los misioneros me invitó a ir con él a uno de los centros de la misión. Pensaba que íbamos a ir en coche. Y así hubiera sido si no fuera por la lluvia que hizo impracticable el camino. Fuimos caminando, unas cuatro horas, llegando antes de comer a nuestro destino. Nos aseamos, comimos algo y nos preparamos para celebrar el Jueves Santo.

He de decir que estuve muy a gusto, pero que me llamó la atención la poca gente que había en la celebración. Y me pregunté, con mi mentalidad utilitarista, si merecía la pena esa caminata e ir tan lejos para “cuatro gatos”…Tampoco es que me hiciera mucho problema, pero fue de esas veces que te da por cuestionar las cosas.

Tras la misa el misionero me fue presentando a la gente. “Este es que aquí, se llama así, es catequista, etc…” Y me presentó a un señor, tendría unos setenta o más, que había andado más de 25 km para venir a la celebración.

Entonces me dio vergüenza haber tenido esos pensamientos y me quedé maravillado ante la fe de aquel hombre. A veces decimos que ese tiene mucha fe, o poca. ¿Cómo se mide la fe? Resulta difícil decirlo, pues solo Dios puede juzgar el corazón de cada uno. Pero está claro que si pudiera medir con precisión, para mí está claro que la fe se mediría en kilómetros. ¿Tendría yo esa fe para caminar tantos kilómetros para celebrar la eucaristía?

Álvaro Rodríguez Jover, cmf

 

Aquí os dejamos algunas fotos que nos ha enviado acompañando su texto:

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