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“Una voz que me dice…”

(S. A. Mª. Claret. Autobiografía 114)

PRÁCTICA DE LA LECTIO DIVINA EN GRUPO

18 de Noviembre de 2018: XXXIII Domingo Tiempo Ordinario

Disposición espiritual.

Haz silencio, exterior e interior.¡Es el Señor quien nos visita con su Palabra, para tratar amorosamente con nosotros, como un Padre con sus hijos! ¡También nos habla, mediante la palabra de los hermanos, para sentirnos Iglesia! Invoca al Espíritu Santo con toda sinceridad, con la certidumbre de ser escuchado. Que el Espíritu te ilumine, te fortifique, te guíe y te consuele. Revele y encarne en ti el gran misterio de Cristo, presente en su Palabra.

Oración: Señor Jesucristo, envía tu Espíritu Santo sobre nosotros y haznos comprender las Escrituras inspiradas por él; concédenos interpretarlas de manera digna para que saquemos provecho. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo y eres Dios por los siglos de los siglos. Amén.

Texto: Mc 13, 24-32

1. Lectura (lectio). Lo que el texto dice

Lee y relee tranquila y detenidamente este pasaje bíblico fijándote bien en todos los detalles. Descubre sus recursos literarios, las acciones, los verbos, los sujetos, el ambiente descrito, su mensaje. Lee también lugares paralelos que cualquier Biblia te ofrece, ayúdate de algunos instrumentos exegéticos, algún diccionario bíblico etc. Tras un momento de silencio descubrimos juntos qué dice el texto.

El año litúrgico está próximo a su fin. El pasaje del evangelio de hoy resulta extraño a nuestra mentalidad. El lenguaje que utiliza puede provocar en nosotros desconcierto y temor. Sin embargo no es ésa la intención del evangelista, que adopta una forma de escribir propia de la época, el lenguaje apocalíptico, para decir a su comunidad que no se deje vencer por el desánimo porque, a pesar de la demora, habrá una segunda venida, esta vez gloriosa, de Jesucristo.

Este pasaje forma parte del “discurso escatológico” del evangelio de Marcos. Se le llama así porque habla de los últimos tiempos (eschaton). Está situado después de las acciones simbólicas de Jesús en el templo (Mc 11,1-25) y tras las discusiones que mantiene con los principales grupos judíos (Mc 11,26-12,44). Recordad que el domingo pasado Jesús llamaba la atención a sus discípulos sobre uno de estos grupos, los maestros de la ley. Pues bien, tras las acciones simbólicas y las discusiones, Jesús inicia una instrucción particular a sus seguidores. En el mismo escenario, frente al templo, toma la postura del maestro e inicia la enseñanza. Jesús, sentado, responde a la pregunta de Pedro, Santiago, Juan y Andrés sobre el fin de los tiempos (Mc 13,39). Utiliza el denominado lenguaje apocalíptico, que pretendía desocultar, desvelar un mensaje de Dios. Es un modo de hablar extraño y enigmático para nosotros, aunque era frecuente entre algunos grupos judíos y cristianos de la época. Sus destinatarios eran, generalmente, grupos en crisis a los que ofrecía un mensaje de ánimo y consuelo.

Los cristianos para los que Marcos escribe su evangelio, pasaban por dificultades. Constataban que la segunda venida de Jesús, que creían inmediata, se retrasaba; en sus filas había signos de dejadez, rutina y abandono del mensaje radical de Jesús. En esta situación el evangelista recuerda que en la tradición cristiana hay palabras de exhortación y aliento: Cristo volverá con gloria, aunque no se sabe cuándo. Por eso es necesaria la vigilancia.

Precisamente el pasaje del evangelio de este domingo habla de la venida de Cristo. Pero no le llama Mesías, ni Jesús, sino que le denomina con un título sacado del Antiguo Testamento: Hijo del hombre.Según el Antiguo Testamento, el Hijo del hombre vendría a juzgar a la humanidad (Dn 7,13). Este personaje anunciado en el Antiguo Testamento es Jesús: él aparecerá al final de los tiempos, revestido con el poder y la gloria de Dios. Como triunfador definitivo, convocará y reunirá a quienes hayan permanecido fieles. Lo que no sabemos es cuándo ocurrirá esto. Todo cálculo en este sentido carece de fiabilidad, porque el momento final sólo está en el corazón del Padre. Lo importante es fiarse de la Palabra de Jesús y vivir con la certeza de que a partir de su muerte y resurrección ese día ya está presente, palpitando en nuestro tiempo. La abundancia de imágenes es una de las características del lenguaje apocalíptico. Pero sería un error entenderlas de forma literal. La revolución cósmica, las calamidades y tribulaciones que utiliza este género literario (por ejemplo Mc 13,24-27) son una forma de expresar la intervención de Dios en la historia y en el mundo. Las imágenes, comparaciones y otras sentencias están también al servicio del mensaje que se quiere revelar. En el caso del evangelio de hoy este mensaje es claro: vendrá de nuevo Cristo, en un tiempo cercano pero incierto. Hay que estar preparados.

2. Meditación (meditatio). Lo que el texto me dice

Permite que lo leído baje hasta el corazón y encuentre en él un centro de acogida donde pueda resonar con todas las vibraciones posibles. Es Dios mismo quien te atrae y te habla al corazón. Se trata de una “rumia” -ruminatio- que va haciendo que la Palabra vaya calando dentro, hasta quedar del todo hecha carne propia. Déjate seducir por la Palabra. Sigue sus hondos impulsos. Quédate con algún verso o frase.

Jesús nos invita a vivir en profundidad, a prestar atención a los signos de los tiempos, porque el futuro palpita en nuestro presente como la vida en la higuera aparentemente sin vida durante el frío invierno. Si no abrimos nuestros ojos, si no estamos alerta, podemos olvidar que éste es un tiempo en el que Dios actúa y en el que el ser humano va forjando su opción a favor o en contra de la vida.

Por lo que se refiere a la FE: Las palabras del evangelio de hoy sobre los últimos tiempos pretenden disponernos para el encuentro con el Señor, que ya ha venido, que viene y que vendrá. ¿Qué relación te invita a establecer con Jesús y con el Padre?

“Verán venir al Hijo del hombre”. ¿Cómo entiendo hoy que el Señor viene? ¿Dónde descubro su llegada a mi vida y al mundo?

En cuanto a la ESPERANZA: La imagen de la higuera sirve a Jesús para anunciar la presencia de los últimos tiempos en el hoy de la historia.

¿Cuáles son los signos que te llevan a descubrir esa presencia en nuestro mundo?

¿Es para ti motivo de esperanza la venida del Señor o te provoca miedo y angustia?

3. Oración (oratio). Lo que yo digo a Dios y lo que Dios me dice a partir del texto.

Habla ahora a Dios. La oración es la respuesta a las sugerencias e inspiraciones, al mensaje que Dios te ha dirigido en su Palabra. Haz silencio dentro de ti y acoge las palabras de Jesús en tu corazón. Ora con sinceridad con confianza. Orar es permitir que la Palabra, acogida en el corazón, se exprese con los sentimientos que ella misma suscita: acción de gracias, alabanza, adoración, súplica, arrepentimiento… Es el momento de la celebración personal y comunitaria. Sobre todo, deja hablar a Dios nuestro Padre. Practicando estas palabras, terminarás por transformarte en El

JORACIÓN compartida

Cantamos: “Al atardecer de la vida” (u otro canto similar que sepamos todos.)

Al atardecer de la vida, me examinaran del amor.

Si ofrecí mi pan al hambriento

si al sediento di de beber,

si mis manos fueron sus manos,

si en mi hogar le quise acoger.

Si ayude a los necesitados,

si en el pobre he visto al Señor,

si los tristes y los enfermos

me encontraron en su dolor

Aunque hablara miles de lenguas

si no tengo amor nada soy.

Aunque realizara milagros,

si no tengo amor nada soy

4. Acción misionera (actio). Hágase en mi según tu palabra

Todo encuentro con el Señor de la vida, presente en su Palabra, culmina en la misión. Hay que cumplir la Palabra, para no ser condenado por ella. La Palabra, si se ha hecho con sinceridad los pasos anteriores, posee luz suficiente para iluminar nuestra vida, y fuerza para ser llevada a la práctica. El fruto esencial de la Palabra es la caridad. Deberíamos acabar pronunciando las palabras de la entrega misionera del profeta ante el Señor, que pide nuestra colaboración : “Aquí estoy, envíame” (Is 6,8). María, tras escuchar la Palabra y darle su aceptación, se puso en camino (Lc 1,39).

Con referencia a la CARIDAD: Este pasaje ¿me invita a abandonar “actitudes de escriba” en mi forma de vivir el cristianismo? ¿Cuáles? ¿Qué voy a hacer para que prendan en mí las “actitudes de la viuda”? ¿Cómo puedo ayudar también a mi comunidad, al grupo?

Miguel Maestre Muñoz, cmf

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