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«Una voz que me dice…»

(S. A. Mª. Claret. Autobiografía 114)

PRÁCTICA DE LA LECTIO DIVINA EN GRUPO

4 de Noviembre de 2018: XXXI Domingo Tiempo Ordinario

Disposición espiritual.

Haz silencio, exterior e interior.¡Es el Señor quien nos visita con su Palabra, para tratar amorosamente con nosotros, como un Padre con sus hijos! ¡También nos habla, mediante la palabra de los hermanos, para sentirnos Iglesia! Invoca al Espíritu Santo con toda sinceridad, con la certidumbre de ser escuchado. Que el Espíritu te ilumine, te fortifique, te guíe y te consuele. Revele y encarne en ti el gran misterio de Cristo, presente en su Palabra.

Oración: Señor Jesucristo, envía tu Espíritu Santo sobre nosotros y haznos comprender las Escrituras inspiradas por él; concédenos interpretarlas de manera digna para que saquemos provecho. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo y eres Dios por los siglos de los siglos. Amén.

Texto: Mc 12, 28b-34

1. Lectura (lectio). Lo que el texto dice

Lee y relee tranquila y detenidamente este pasaje bíblico fijándote bien en todos los detalles. Descubre sus recursos literarios, las acciones, los verbos, los sujetos, el ambiente descrito, su mensaje. Lee también lugares paralelos que cualquier Biblia te ofrece, ayúdate de algunos instrumentos exegéticos, algún diccionario bíblico etc. Tras un momento de silencio descubrimos juntos qué dice el texto.

Jesús ha revelado a sus discípulos y a la gente de Jerusalén que es el Mesías. Sus palabras y, sobre todo sus gestos, han encontrado oposición por parte de las autoridades judías, que intentan descalificarle ante el pueblo y poner en duda su honorabilidad acosándole con preguntas hostiles. En este contexto sobresale la actitud de un escriba que, lejos de pretender cazar a Jesús en alguna trampa, desea contrastar con él su visión del mandamiento más importante de la ley.

Después de la entrada mesiánica en Jerusalén, Marcos relata en su evangelio cinco disputas de Jesús con los grupos más representativos del judaismo oficial, preparando así el proceso que le llevará a la muerte. El leccionario dominical que corresponde a este ciclo litúrgico (B) sólo recoge uno de estos diálogos, el que leemos hoy. Decimos diálogo y no disputa porque el interlocutor es un maestro de la ley que no se presenta como adversario de Jesús, sino como alguien empeñado en buscar lo esencial, el mandamiento principal.

Los escribas o maestros de la ley eran hombres que habían dedicado muchos años al estudio de la ley de Moisés y, por tanto, eran consultados como especialistas cuando surgía alguna duda acerca de la interpretación puesta en práctica de un precepto judío. Aunque los los escribas deberían tener en su mano todas las respuestas a las preguntas sobre la ley, el evangelista Marcos presenta a uno que dudaba. Y es que con el paso del tiempo los mandamientos que Yavé entregó a Moisés para que ayudaran al pueblo a caminar en su presencia, se había multiplicado enormemente, de manera que era difícil distinguir entre lo esencial y lo secundario.

Por eso la pregunta de aquel experto en la ley de Israel no era una cuestión superflua, sino un tema de candente actualidad. Quería contrastar su visión con la de aquel maestro y descubrir qué era en realidad lo más importante en la Torá. Jesús, como respuesta, cita Dt 6,4-5 y Lv 19,18.

El escriba corrobora lo que ha dicho Jesús aunando el amor a Dios y al prójimo. Y añade que este mandamiento tiene un valor superior al de los holocaustos y sacrificios. Es ésta una respuesta atrevida, porque relativiza el culto, se sitúa en la misma línea de pensamiento que los profetas del Antiguo Testamento (Is 1,11 ss; Os 6,6), y porque se hace eco de las críticas lanzadas contra el templo desde distintos ámbitos judíos de la época (Recordad que Jesús también había sido muy crítico con el templo: Mc 11,15-18). Fijaos bien en el pasaje que estamos leyendo, ¿qué relación se establece en este pasaje entre el culto que ofrecemos a Dios y el amor?

Como el escriba parece estar de acuerdo con el mandamiento básico de amor a Dios y al prójimo, Jesús le dice: «No estás lejos del Reino de Dios». El amor es el mandamiento más importante para un judío y para un discípulo de Jesús.

Pero hay un detalle que llama la atención en el pasaje: el maestro de la ley no se convierte en discípulo. Como judío reconoce y adopta los presupuestos de la doctrina de Jesús, pero esto no es suficiente para incorporarse al seguimiento. Le falta reconocer a Jesús como Señor, como alguien mayor que David (Mc 12,35-37) cuyo origen está en Dios. Ser cristiano no es sólo cuestión de semejanzas o diferencias en la doctrina; es cuestión en primer lugar de adherirse o no a la persona de Jesús. El Maestro y el escriba están de acuerdo en la unión de todos los mandamientos en uno solo y ni siquiera les distingue la crítica al culto. Lo que hace singular a Jesús y a sus seguidores no es sólo tener clara la unión de ambos mandamientos en uno, sino la manifestación suprema de ese amor a Dios y al prójimo, que puede implicar incluso la entrega de la propia vida.

2. Meditación (meditatio). Lo que el texto me dice

Permite que lo leído baje hasta el corazón y encuentre en él un centro de acogida donde pueda resonar con todas las vibraciones posibles. Es Dios mismo quien te atrae y te habla al corazón. Se trata de una “rumia” -ruminatio- que va haciendo que la Palabra vaya calando dentro, hasta quedar del todo hecha carne propia. Déjate seducir por la Palabra. Sigue sus hondos impulsos. Quédate con algún verso o frase.

No cabe duda de que el amor es la norma suprema del cristiano, hasta el punto de que todo lo demás, incluso el culto que ofrecemos a Dios, carece de valor si no expresa amor al Señor y al hermano. Es éste un pasaje que cuestiona profundamente nuestra adhesión a Jesucristo y el modo como estamos viviendo nuestro compromiso cristiano. Por eso es importante que seamos realistas y humildes a la hora de contrastarlo con nuestra vida y que descubrir nuestras flaquezas y riquezas personales y comunitarias nos llene de esperanza mientras caminamos y construimos el Reino.

Por lo que se refiere a la FE: Este pasaje ofrece el rostro de un Jesús que llena de admiración, pero que también cuestiona nuestra fe acostumbrada, a veces, a cumplir normas más que a contrastarse con el evangelio. ¿Cómo ayuda este pasaje a profundizar en tu relación con Jesucristo? ¿Qué te enseña sobre él?

En cuanto a la ESPERANZA: El mendigo ciego, sentado junto al camino, espera que Jesús abra sus ojos y alumbre su mirada. ¿Qué motivos para la esperanza me sugiere este pasaje?

Bartimeo vive una pascua anticipada. Se le ha concedido ver y sigue a Jesús hacia Jerusalén. ¿Vivo el seguimiento de Jesús, con sus momentos de visión y de ceguera, desde la alegría y la victoria de la pascua?

3. Oración (oratio). Lo que yo digo a Dios y lo que Dios me dice a partir del texto.

Habla ahora a Dios. La oración es la respuesta a las sugerencias e inspiraciones, al mensaje que Dios te ha dirigido en su Palabra. Haz silencio dentro de ti y acoge las palabras de Jesús en tu corazón. Ora con sinceridad con confianza. Orar es permitir que la Palabra, acogida en el corazón, se exprese con los sentimientos que ella misma suscita: acción de gracias, alabanza, adoración, súplica, arrepentimiento… Es el momento de la celebración personal y comunitaria. Sobre todo, deja hablar a Dios nuestro Padre. Practicando estas palabras, terminarás por transformarte en El

Jesús nos ha insertado en la dinámica de amor trinitario y desde ahí estamos llamados a vivir amando.

Agradecemos el don de Dios y le pedimos que seamos auténticos en nuestro amor.

4. Acción misionera (actio). Hágase en mi según tu palabra

Todo encuentro con el Señor de la vida, presente en su Palabra, culmina en la misión. Hay que cumplir la Palabra, para no ser condenado por ella. La Palabra, si se ha hecho con sinceridad los pasos anteriores, posee luz suficiente para iluminar nuestra vida, y fuerza para ser llevada a la práctica. El fruto esencial de la Palabra es la caridad. Deberíamos acabar pronunciando las palabras de la entrega misionera del profeta ante el Señor, que pide nuestra colaboración : “Aquí estoy, envíame” (Is 6,8). María, tras escuchar la Palabra y darle su aceptación, se puso en camino (Lc 1,39).

En relación con la CARIDAD: ¿Qué consecuencias personales y sociales tiene para tu vida este diálogo entre Jesús y el escriba?

¿Qué leyes, normas, costumbres… has colocado en tu vida por encima del amor? ¿Qué puede ayudarte a poner como norma suprema un amor como el de Jesús?

Miguel Maestre Muñoz, cmf

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