SAN PEDRO YÜ, 13 años.

En la tercera semana de octubre se celebran las memorias de deslumbrantes figuras de santidad tales como Santa Teresa deJesús o San Lucas. Tan rutilantes que puede decirse que obscurecen a los demás santos de estos días.

Esto ocurre ciertamente con San Pedro Yü, el entusiasta chavalejo coreano de 13 años, que se recuerda el 21 de octubre.

El nacimiento de la fe y de la comunidad católicas han tenido en Corea un principio atípico por demás, no fruto de la predicación misionera, ni de la acción evangelizadora.

En 1784 un diplomático coreano fue bautizado en China. Posteriormente regresó a Corea llevándose vario libros religiosos y convirtió a muchos compatriotas, de modo que cuando llegaron los misioneros, llamados pos aquellos laicos, había ya 4.000 creyentes-católicos-no bautizados.

La pujanza de la comunidad católica suscitó el recelo de las autoridades y comenzaron las sangrientas persecuciones.

Si Teresa de Lissieux trazó el camino de la Infancia Espiritual de sencillez y humildad, Pedro Yü vive el camino de la infancia ilusionada, arrojada y valiente. Encarcelado a los 13 años, despreciado por su edad, es, sin embargo, lazo de unión, entre los presos, manantial de ánimo y fidelidad, agente de pastoral eficaz y ministro de la Eucaristía. Descubierta su valía y su actividad, fue cruelmente martirizado.

Choca violentamente la vida de este joven santo con la de tantos chavales nuestros que, hecha la Primera Comunión, nunca llegan a la segunda o con la de aquellos para los que la Confirmación marca su salida de la Iglesia.

¡San Pedro Yü, alegre, fiel e intrépido! ¡Ruega por los adolescentes y jóvenes de nuestras posiciones!

Y tú, ¿contribuyes a que nuestros niños y jóvenes vivan la fe?

Carlos Díaz Muñiz, cmf

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