21 de octubre de 2018. Mc 10, 35-45

Una vez más Jesús tuvo que armarse de paciencia. Por tercera vez anuncia que va a sufrir la pasión, y los apóstoles le responden pidiéndole los mejores puestos en su Reino. Siguen sin entender que “cristiano” es sinónimo de “servidor”. Y esta petición molesta al resto del grupo. Cuando los criterios van unidos al poder, tener, figurar, y no al servir, se está pensando en uno mismo. Por eso Jesús les dirá: “he venido a servir y entregar mi vida para la salvación de todos”.
También este domingo celebramos el día del Domund, con el lema “Cambia el mundo”. Misionero significa “enviado”, con una misión: hacer presente el amor y la misericordia de Dios en nuestras vidas. Solo el amor y la misericordia pueden cambiar el mundo. Pero he de empezar cambiando yo si quiero conseguir algo. Todo cristiano ha de ser “misionero” en cuanto ha de ser sal y luz para los demás. Nuestro compromiso bautismal nos obliga a una conversión continua y a un acercamiento a los que viven buscando el amor de Dios. Hay algunos que consagran su vida a este servicio de manera exclusiva, pero es tarea de todos. Los apóstoles pretendían quedarse solo con la parte del evangelio que no implicaba sacrificio. Se olvidaban de que hay que “tomar la cruz de cada día”, la cruz del servicio a los demás. Solo por este camino se puede llegar a la Resurrección.
¿Qué camino he elegido?¿A qué estoy dispuesto?

Juan Ramón Gómez Pascual, cmf

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