Por desgracia son muchos los días que nos levantamos con noticias de tragedias y catástrofes humanas. La más reciente la de la riada en Palma de Mallorca o, hace unos días. el nuevo tsunami en Indonesia. Imposible permanecer impasible ante tales calamidades. Aunque, también «por desgracia», parece que nuestra sociedad, inflada de información y acostumbrada a las imágenes truculentas, se va inmunizando ante el sufrimiento que nos llega por los medios de comunicación. Un sufrimiento que parece durar sólo lo que dura en las portadas de los telediarios o entre los trending topics de twitter. Por eso, antes de seguir, nuestra oración y nuestra solidaridad con todas las víctimas de estos tristes acontecimientos (…).

Además -y aquí nuestra consideración «con otra mirada» de hoy- no son raras las personas que ante hechos así dicen «perder la fe» o, por lo menos, cuestionan la existencia de un Dios que las permite o no interviene para evitarla o para aminorar sus consecuencias.

Se trata de la sempiterna objeción de la presencia del «mal» (en todas sus manifestaciones) en el mundo, que parece rivalizar con la explicación benévola y amorosa que la fe da a la realidad y con la existencia de un Dios todo misericordia y ternura. 

No somos nosotros los que tenemos la solución a esos duros conflictos que se le libran en el interior de mucha gente. Pero sí queremos apuntar algo que quizá a más de uno ayude:

Puede que no encontremos respuesta a muchos de los «por qué» de las cosas que pasan, particularmente de estas que implican dolor y consternación. 
Sin embargo, en Dios siempre podremos hallar los «para qué» de esas mismas circunstancias.

Y parece claro que, ante tragedias como la vivida en Mallorca, una de las «consecuencias» de las mismas es la puesta en acción de la solidaridad, del compromiso con las víctimas, de la compasión hacia los que sufren porque han perdido un ser querido o todas sus posesiones. 

Sí. «Por desgracia» o «Gracias a Dios» (¡que maneras tan distintas de comenzar esta frase!), cuando el sufrimiento humano aparece, éste puede traer consigo experiencias sublimes de humanidad, de fraternidad, de compasión, de cercanía a los más débiles y frágiles…y de acercamiento a Dios. No son pocas las personas que, precisamente, a raíz de un hecho doloroso o terrible, se han encontrado con Él, el único que es capaz de consolar y llenar vacíos y sinsentidos. O se han encontrado con personas que, a través de su entrega, del desgastarse en favor de los que sufren, le hablan de ese Dios que sabe lo que es la cruz, y sabe lo que es vencerla.

Por eso, se puede creer «a pesar de las tragedias.

¿Será ese tu caso?

Equipo de Redacción.

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