El actor Daniel Guzmán irrumpió en la dirección cinematográfica con A cambio de nada, película que consiguió el premio principal del festival de Málaga y otorgó un premio Goya al actor protagonista y al propio realizador.

En sus fotogramas podemos intuir retazos de una realidad que se muestra esquiva con un adolescente, hijo de un matrimonio en vías de separación, que progresivamente va desprendiéndose de asideros que pudieran ayudarle tal vez a conducirse por cauces de cierto convencionalismo. Por el contrario, bordea la ilegalidad o las conductas impropias más empujado por circunstancias que por maldad. Darío no es un chico inocente, pero tampoco hay en él voluntad gratuita de hacer daño, sino que más bien los hechos se imponen forzándole a tomar decisiones erróneas que, poco a poco, conducen a hechos que tienen consecuencias importantes.

En línea con otras películas de temática similar (podemos destacar Barrio, o Azul oscuro casi negro, entre otras), A cambio de nada nos sumerge en la vida cotidiana de tantos jóvenes que abundan en nuestras ciudades con un presente poco halagüeño y un futuro improbable. Tal vez por ese motivo y la certera radiografía de la realidad, tuvo cierto éxito comercial. Darío y Luismi, protagonistas de esta historia, se pasan el día trapicheando en busca de algún dinero para sobrevivir, seres de la calle, de los grupos de otros como ellos, miran la realidad sin desesperar, intentando exprimirla hasta donde sea posible, con la conciencia del presente que les está tocando vivir, y la pretensión de escapar de un destino que parece irremediable.

Antonio Venceslá, cmf

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