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“Una voz que me dice…”

(S. A. Mª. Claret. Autobiografía 114)

PRÁCTICA DE LA LECTIO DIVINA EN GRUPO

30 de Septiembre de 2018: XXVI Domingo Tiempo Ordinario

Disposición espiritual.

Haz silencio, exterior e interior.¡Es el Señor quien nos visita con su Palabra, para tratar amorosamente con nosotros, como un Padre con sus hijos! ¡También nos habla, mediante la palabra de los hermanos, para sentirnos Iglesia! Invoca al Espíritu Santo con toda sinceridad, con la certidumbre de ser escuchado. Que el Espíritu te ilumine, te fortifique, te guíe y te consuele. Revele y encarne en ti el gran misterio de Cristo, presente en su Palabra.

Oración: Señor Jesucristo, envía tu Espíritu Santo sobre nosotros y haznos comprender las Escrituras inspiradas por él; concédenos interpretarlas de manera digna para que saquemos provecho. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo y eres Dios por los siglos de los siglos. Amén.

Texto: Mc 9, 38-43.45-48

1. Lectura (lectio). Lo que el texto dice

Lee y relee tranquila y detenidamente este pasaje bíblico fijándote bien en todos los detalles. Descubre sus recursos literarios, las acciones, los verbos, los sujetos, el ambiente descrito, su mensaje. Lee también lugares paralelos que cualquier Biblia te ofrece, ayúdate de algunos instrumentos exegéticos, algún diccionario bíblico etc. Tras un momento de silencio descubrimos juntos qué dice el texto.

En el evangelio de este domingo vemos cómo la misericordia de Dios se hace presente fuera de los límites del grupo de los discípulos. Continuamos leyendo el capítulo 9 del evangelio de Marcos, haciendo nuestro personal recorrido con Jesús hacia Jerusalén. En este camino, el Maestro dedica especial atención a la instrucción de sus discípulos, anunciándoles su pasión, hablándoles del Reino, proponiéndoles un modelo para su vida personal y como grupo. En el pasaje que leemos hoy, abre el horizonte de la comunidad cristiana hacia los que están fuera y anima a que el mal sea erradicado de la vida de los que le siguen.

A continuación del segundo anuncio de la pasión, Marcos recoge una serie de instrucciones de Jesús a los discípulos sobre diversos temas. El evangelio de hoy presenta algunas de estas enseñanzas que vamos a estudiar en dos partes.

En primer lugar nos fijamos en el diálogo entre Juan y Jesús. Era común en la época que los que realizaban curaciones invocaran algún nombre milagroso en sus actuaciones. Pero también fuera del entorno de los discípulos y de los primeros cristianos algunos que conocían el poder de Jesús utilizaban su nombre con fines milagrosos. Ante la prohibición de los discípulos para que aquel hombre que no pertenecía a su grupo utilizara el nombre de Jesús para expulsar demonios, éste les instruye en sentido contrario. Aparentemente, la prohibición trataba de que el nombre de Jesús no fuera “usurpado”. Detrás de la actitud de los discípulos se esconde, por una parte la inquietud porque ven desaparecer el poder y el honor social que reciben de su Maestro. Recordad que, según la enseñanza del evangelio del domingo pasado, el más importante no es el que goza de mayor poder y prestigio, sino el que mejor sirve. Por otra parte, Jesús invita a sus discípulos a tener una visión más abierta y tolerante de lo que significa seguirle: hay que apoyar a quienes defienden lo bueno aunque no sean de “vuestro grupo”.

Su Maestro, recordad que, según la enseñanza del evangelio del domingo pasado, el más importante no es el que goza de mayor poder y prestigio, sino el que mejor sirve. Por otra parte, Jesús invita a sus discípulos a tener una visión más abierta y tolerante de lo que significa seguirle: hay que apoyar a quienes defienden lo bueno aunque no sean de “vuestro grupo”.

La segunda parte de esta instrucción a los discípulos tiene como temas el escándalo y el pecado. El tono general es muy duro. Comienza con una severa advertencia sobre la necesidad de no escandalizar a los pequeños que creen. El escándalo hay que entenderlo como una trampa o un obstáculo que hace caer al que no ve con claridad, al que es débil. Seguramente, el texto con la expresión “los pequeños que creen” se refiere a los menos privilegiados de la comunidad por razón económica, por su escasa importancia en el grupo, por su reciente incorporación a la Iglesia o por tener una fe titubeante. Hay que eliminar de raíz el escándalo de los “fuertes” de la comunidad: aunque algo sea lícito para ellos, si es piedra de tropiezo para los mas pequeños debe eliminarse. Las consecuencias pueden sei muy serias.

En la parte final del texto descubrimos tres dichos que presentan una misma estructura. La referencia a diversas partes del cuerpo que pueden conducir al pecado es del Antiguo Testamento (por ejemplo, Prov 6,12-19). El pie y la pierna simbolizaban el dominio sobre alguien, y los ojos, la ambición desmedida. También del Antiguo Testamento son las amenazas del gusano y del fuego (Is 66,24; Eclo 7,17): con ambas se quiere hacer referencia a la total aniquilación.

Además del esquema que se repite por tres veces sin apenas variaciones (órgano – arrancar – vida/Reino -…), vemos que el tema es siempre el mismo: la vida, el Reino de Dios, es lo más importante a lo que el ser humano puede aspirar; cualquier cosa que impida alcanzar la vida debe ser apartada. Dos indicaciones más para comprender mejor el texto. El pasaje anima a arrancar de la vida del creyente todo tipo de pecado: de ninguna manera busca favorecer el desprecio por el cuerpo humano. Y, en segundo lugar, lo que se expresa en el texto es una norma de vida para el “más acá”, para el día a día, no una descripción detallada sobre el “más allá”. Los gusanos, el fuego, el olor a azufre… son sólo metáforas.

Hoy nosotros leemos el evangelio desde nuestras comunidades cristianas y desde nuestro deseo de vivir al estilo del Maestro. Él continúa instruyéndonos con la misma dedicación que a aquel grupo de discípulos.

2. Meditación (meditatio). Lo que el texto me dice

Permite que lo leído baje hasta el corazón y encuentre en él un centro de acogida donde pueda resonar con todas las vibraciones posibles. Es Dios mismo quien te atrae y te habla al corazón. Se trata de una “rumia” -ruminatio- que va haciendo que la Palabra vaya calando dentro, hasta quedar del todo hecha carne propia. Déjate seducir por la Palabra. Sigue sus hondos impulsos. Quédate con algún verso o frase.

En el intento por conocer mejor a Dios lo hemos definiido, ajustándolo a nuestra visión limitada de las cosas. Sin embargo, Dios es más grande que nosotros y actúa más allá de los límites que le queremos marcar. Hoy abrimos nuestro corazón al poder de su misericordia que transciende toda frontera humana y que nos exige vivir coherentemente con su amor infinito.

Por lo que se refiere a la fe:

¿Qué aspectos del pasaje amplían nuestra forma de comprender a Jesús?

El pasaje que hemos leído nos muestra la fe de un hombre convertida en compromiso. ¿La fe es algo que sentimos y vivimos en privado o se expresa también como compromiso hacia los demás?

En cuanto a la esperanza:

¿Cómo percibimos el Reino de Dios desde lo que hemos leído en el pasaje del evangelio?

¡Uno que no es de los nuestros está usurpando ni nombre! En nuestros días también hay fuera de núestras comunidades, de nuestros movimientos y de nuestra Iglesia quienes manifiestan con su vida y su palabra la fe en Jesús. ¿Puedes identificar a algunos de ellos? ¿En qué senti do puede esto animar nuestra esperanza?

3. Oración (oratio). Lo que yo digo a Dios y lo que Dios me dice a partir del texto.

Habla ahora a Dios. La oración es la respuesta a las sugerencias e inspiraciones, al mensaje que Dios te ha dirigido en su Palabra. Haz silencio dentro de ti y acoge las palabras de Jesús en tu corazón. Ora con sinceridad con confianza. Orar es permitir que la Palabra, acogida en el corazón, se exprese con los sentimientos que ella misma suscita: acción de gracias, alabanza, adoración, súplica, arrepentimiento… Es el momento de la celebración personal y comunitaria. Sobre todo, deja hablar a Dios nuestro Padre. Practicando estas palabras, terminarás por transformarte en El

ORACIÓN COMPARTIDA… desde lo que el pasaje de hoy nos haya sugerido a cada uno.

Proclamamos juntos el SALMO 113: Bendito sea el nombre del Señor.

¡Aleluya! ¡Alabad, servidores de Yahveh, alabad el nombre de Yahveh! . ¡Bendito sea el nombre de Yahveh, desde ahora y por siempre! ¡De la salida del sol hasta su ocaso, sea loado el nombre de Yahveh! ¡Excelso sobre todas las naciones Yahveh, por encima de los cielos su gloria! ¿Quién como Yahveh, nuestro Dios, que se sienta en las alturas, y se abaja para ver los cielos y la tierra? El levanta del polvo al desvalido, del estiércol hace subir al pobre, para sentarle con los príncipes, con los príncipes de su pueblo. El asienta a la estéril en su casa, madre de hijos jubilosa.

4. Acción misionera (actio). Hágase en mi según tu palabra

Todo encuentro con el Señor de la vida, presente en su Palabra, culmina en la misión. Hay que cumplir la Palabra, para no ser condenado por ella. La Palabra, si se ha hecho con sinceridad los pasos anteriores, posee luz suficiente para iluminar nuestra vida, y fuerza para ser llevada a la práctica. El fruto esencial de la Palabra es la caridad. Deberíamos acabar pronunciando las palabras de la entrega misionera del profeta ante el Señor, que pide nuestra colaboración : “Aquí estoy, envíame” (Is 6,8). María, tras escuchar la Palabra y darle su aceptación, se puso en camino (Lc 1,39).

En relación con la caridad: ¿Qué actitudes nos invita a adoptar el texto?El Reino de Dios se va abriendo camino con unas palabras y acciones del Señor y, al mismo tiempo, es arrancado todo lo que esclaviza al ser humano (enfermedad, demonios, muerte…). ¿Qué estamos haciendo para eliminar las esclavitudes que obstaculizan el crecimiento del Reinado de Dios? ¿Qué hacemos para arrancar el pecado de nuestra sociedad?

Miguel Maestre Muñoz, cmf

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