“Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en Él, sino que tengan vida eterna”. 

Corremos el peligro de asociar la cruz solamente con el dolor, las lágrimas, el luto y la muerte. 

Y ciertamente que la cruz de Cristo es entrega hasta el final y sacrificio hasta la muerte. 

Pero, ante todo, es vida, triunfo y resurrección. 

La cruz de Cristo es fuerza en la debilidad. 

Gracia y consuelo en el dolor. 

Perdón en la ofensa. 

Manifestación del amor absoluto y gratuito del Padre. 

Hoy, fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, contempla alguna cruz con fe y amor. 

Pon en ella tus propias cruces y todas las cruces que conozcas. 

Aviva tu esperanza. 

Adórala y muéstrala a un mundo necesitado de su fuerza salvadora y redentora. 

Buenos días.

Antonio Sanjuán, cmf

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