Cerca de la ciudad de Kyoto (Japón) existe un famoso templo con un jardín. El jardín se ubica frente al salón Hojo, en el extremo sur. Allí están colocadas una serie de piedras no menos famosas. Se trata de un jardín de piedras. Un jardín seco, Karesansui. Un espacio rectangular con quince rocas agrupadas en cinco composiciones −cinco, dos, tres, dos, tres− rodeadas de gravilla que cada día rastrillan los monjes. En cada grupo destaca una piedra mayor que las demás. El musgo se utiliza como elemento ornamental de los grupos para darles unidad.

La tradición dice que esas quince piedras de distinto tamaño simbolizan los problemas básicos de la humanidad. Cada visitante al jardín es invitado a elegir cuáles son, en concreto, esos problemas. Y lo curioso es que las piedras están ordenadas de tal modo que no se pueden ver todas ellas al mismo tiempo.

Dicen los japoneses que los jardines no son para pasearlos, sino para contemplarlos desde el interior de uno mismo. Añaden también que son para que la calma penetre en lo más profundo del espíritu. Al conocer este jardín, unas sencillas reflexiones iluminan, tal vez, nuestra manera de afrontar los problemas:

  • Las dificultades de la vida está ahí. Es imposible eliminarlas. Son como piedras ásperas y persistentes en el escenario de la propia existencia. Negar su existencia es craso error. Su consistencia pétrea nos invita a acogerlas como compañeras de camino sin desesperar ante su aspereza. La aceptación de lo real es un gesto reconciliador y pacificador. Tal vez el primero de todos.
  • Es imposible abarcar todas las dificultades y problemas que nos surgen a lo largo de la vida. Conocemos algunas, las más inmediatas… otras, las desconocemos. Lo cual es una ventaja consoladora. Porque la realidad nos invita a centrarnos tan solamente en lo más inmediato, en lo que nos afecta más. De una en una.
  • No son muchas las piedras,… Son solo quince. Como tampoco son tantos los problemas básicos de la humanidad –ni los nuestros-, aunque a veces nos parezcan excesivos e innumerables. No se deben agigantar y multiplicar mentalmente los males. La imaginación juega de esa manera en contra de nosotros mismos.

Son muchos los visitantes de este jardín. Es impresionante la emoción que pueden llegar a provocar unas piedras sabiamente colocadas, símbolos del misterio de la vida, más que de las montañas y la naturaleza del país.

Juan Carlos Martos, cmf

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