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«Una voz que me dice…»

(S. A. Mª. Claret. Autobiografía 114)

PRÁCTICA DE LA LECTIO DIVINA EN GRUPO

2 de Septiembre de 2018: XXII Domingo Tiempo Ordinario

Disposición espiritual.

Haz silencio, exterior e interior.¡Es el Señor quien nos visita con su Palabra, para tratar amorosamente con nosotros, como un Padre con sus hijos! ¡También nos habla, mediante la palabra de los hermanos, para sentirnos Iglesia! Invoca al Espíritu Santo con toda sinceridad, con la certidumbre de ser escuchado. Que el Espíritu te ilumine, te fortifique, te guíe y te consuele. Revele y encarne en ti el gran misterio de Cristo, presente en su Palabra.

Oración: Señor Jesucristo, envía tu Espíritu Santo sobre nosotros y haznos comprender las Escrituras inspiradas por él; concédenos interpretarlas de manera digna para que saquemos provecho. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo y eres Dios por los siglos de los siglos. Amén.

Texto: Mc 7, 1-8. 14-15. 21-23

1. Lectura (lectio). Lo que el texto dice

Lee y relee tranquila y detenidamente este pasaje bíblico fijándote bien en todos los detalles. Descubre sus recursos literarios, las acciones, los verbos, los sujetos, el ambiente descrito, su mensaje. Lee también lugares paralelos que cualquier Biblia te ofrece, ayúdate de algunos instrumentos exegéticos, algún diccionario bíblico etc. Tras un momento de silencio descubrimos juntos qué dice el texto.

El El pretexto para la discusión con los fariseos y maestros de la ley lo ofrece esta vez el comportamiento de los discípulos. La convivencia cotidiana con Jesús les ha hecho relativizar costumbres y normas que eran muy importantes en la vida judía. Sabemos, en efecto, que Jesús se saltaba en muchas ocasiones ciertos preceptos de la ley, porque lejos de liberar esclavizaban y excluían a muchos de la vida social y religiosa (Mc 2,13-17).

Este comportamiento de los discípulos -comer sin lavarse las manos- no implicaba una simple cuestión di higiene personal, sino que iba contra las normas de pureza ritual. Para los judíos no se trataba de un asunto secundario, porque en el contacto con lo puro (santo, unido y agradable a Dios) y lo impuro (profano, separado y opuesto a Dios) se ponía en juego la relación con él y con los que formaban el pueblo escogido. Por tanto, si los seguidores de Jesús hacen algo que es considerado impuro, significa que están lejos de Dios y excluidos de Israel. De este modo, la pregunta de los fariseos y maestros de la ley da pie a una larga y dura respuesta de Jesús que se desarrolla en tres momentos. Aunque en el evangelio de la liturgia sólo se leen catorce versículos, vamos a comentarlos teniendo en cuenta el pasaje entero y así lo comprenderemos mejor Leed Mc 7,1-23 y señalad:

En un primer momento Jesús se dirige a los fariseos y maestros de la ley y su respuesta no puede ser más dura (Mc 7,6-13). En continuidad con la tradición profética cita un texto de Isaías (Is 29,13), lo cual muestra la astucia con la que responde a sus adversarios que siempre se apoyan en el Antiguo Testamento para defender sus posturas.

En un segundo momento, Jesús se dirige a la gente en un tono muy diferente (Mc 7,14-16). Ya no se trata de una crítica, sino de una exhortación a escuchar y a entender bien. Tampoco alude a la Escritura, sino que da razones de sentido común que apoyan sus enseñanzas. La primera declara puros todos los alimentos y la segunda subraya que la relación con Dios se juega en el interior de cada persona.

Finalmente Jesús habla con sus discípulos que son los destinatarios privilegiados de su enseñanza (Mc 7,17-23). El lugar escogido para hacerlo es la casa, que en Marcos es el espacio preferido para instruirlos. Allí, ante la pregunta de los discípulos que no han entendido, el Maestro, extrañándose de su incomprensión, explica con claridad y paciencia lo mismo que ha dicho a la gente.

Según la mentalidad bíblica el corazón es ese centro en el que se forja lo que la persona es. Por eso es ahí -y no en las manos o el vientre- donde radica la verdadera fuente de pureza o impureza para el ser humano pues en él anidan todas esas actitudes que pueden dañarle a él y a los demás. También nosotros seguimos considerando que no están más cerca de Dios ni son más agradables a sus ojos quienes cumplen con una serie de ritos externos, sino quienes se dejan llevar por la ley que brota de un interior purificado: la ley del amor.

2. Meditación (meditatio). Lo que el texto me dice

Permite que lo leído baje hasta el corazón y encuentre en él un centro de acogida donde pueda resonar con todas las vibraciones posibles. Es Dios mismo quien te atrae y te habla al corazón. Se trata de una “rumia” -ruminatio- que va haciendo que la Palabra vaya calando dentro, hasta quedar del todo hecha carne propia. Déjate seducir por la Palabra. Sigue sus hondos impulsos. Quédate con algún verso o frase.

También nosotros estamos tentados de caer en una religiosidad ritual y legalista, olvidándonos de que la fe es algo que debe agarrarnos por dentro. Por eso es necesario que meditemos en torno a lo esencial, para descubrir desde donde brota nuestra relación con Dios.

Porlo que se refiere a la fe: «Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí». ¿Hasta qué punto te sientes aludido por esta crítica profética? ¿En qué sentido te hace reflexionar sobre tu relación con Dios?

¿Qué valoro más en mi vida de fe: la conversión del corazón o la seguridad que me proporciona el cumplir con unas costumbres y tradiciones?

En cuanto a la esperanza: ¿Qué sentimientos me provoca saber que Dios quiere relacionarse conmigo desde lo más profundo de mí mismo y no tanto desde unas prácticas externas?

3. Oración (oratio). Lo que yo digo a Dios y lo que Dios me dice a partir del texto.

Habla ahora a Dios. La oración es la respuesta a las sugerencias e inspiraciones, al mensaje que Dios te ha dirigido en su Palabra. Haz silencio dentro de ti y acoge las palabras de Jesús en tu corazón. Ora con sinceridad con confianza. Orar es permitir que la Palabra, acogida en el corazón, se exprese con los sentimientos que ella misma suscita: acción de gracias, alabanza, adoración, súplica, arrepentimiento… Es el momento de la celebración personal y comunitaria. Sobre todo, deja hablar a Dios nuestro Padre. Practicando estas palabras, terminarás por transformarte en El

De un corazón purificado por la Palabra puede brotar la oración sincera y una relación con el Padre anclada no en ritos externos, sino en actitudes que nacen de lo mas profundo del ser humano.

ORACIÓN compartida.

Terminamos cantando «Danos un corazón».

4. Acción misionera (actio). Hágase en mi según tu palabra

Todo encuentro con el Señor de la vida, presente en su Palabra, culmina en la misión. Hay que cumplir la Palabra, para no ser condenado por ella. La Palabra, si se ha hecho con sinceridad los pasos anteriores, posee luz suficiente para iluminar nuestra vida, y fuerza para ser llevada a la práctica. El fruto esencial de la Palabra es la caridad. Deberíamos acabar pronunciando las palabras de la entrega misionera del profeta ante el Señor, que pide nuestra colaboración : “Aquí estoy, envíame” (Is 6,8). María, tras escuchar la Palabra y darle su aceptación, se puso en camino (Lc 1,39).

En relación con la caridad: Jesús relativizó las prácticas externas e insistió en 1a importancia de las actitudes interiores. ¿Qué tiene que ver todo eso con nuestro modo de enfocar el compromiso cristiano?

«Lo que sale de dentro, eso es lo que contamina al hombre». ¿De qué manera deberíamos cuidar nuestro cora zón para que aniden en él sentimientos y actitudes que no nos dañen ni dañen a los demás?

Miguel Maestre Muñoz, cmf

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