“Ella se acercó y se postró ante Jesús diciendo: “¡Señor, ayúdame!”. 

De nuevo vuelve a aparecer, ahora en boca de una mujer extranjera, el “mantra” invocando a Jesús: “¡Señor, ayúdame!”. 

Y estas dos palabras brotan de los labios de esta mujer porque desde su profunda fe las ha pronunciado antes en su corazón. 

No son dos palabras huecas y sin sentido. Son palabras de fe y de confianza en Jesús. 

Jesús, que en principio parece no atender la petición de la mujer, termina reconociendo la grandeza de su fe y haciendo que se cumpla su petición. Piensa en situaciones cercanas a tí y que quieras poner hoy a los pies de Jesús. 

Y, como la mujer de este evangelio, póstrate ante Él con mucha fe y repite muchas veces el “mantra” de hoy pidiéndole al Señor por esas situaciones: “¡Señor, ayúdame!”. 

El Señor escuchará tu súplica. 

Buenos días.

Antonio Sanjuán, cmf

Leave a Reply

You must be logged in to post a comment.