Al final de los títulos de crédito que ponen fin a María Magdalena, se nos señala que está inspirada en los relatos evangélicos, aunque el guionista se ha tomado algunas licencias dramáticas, conservando (así se indica) la esencia y los valores de la discípula de Jesús. ¿Es realmente así? También en otro de esos títulos finales se nos recuerda que en 2016 el papa proclamó a María Magdalena “apóstol de los apóstoles”, contraviniendo el papel de prostituta conversa que durante tantos siglos se ha asociado a su persona.
El cine inspirado en relatos o personajes bíblicos es una veta muy frecuentada por cineastas de distinta procedencia. En muchos casos, se trata de producciones que quieren ser fieles a los textos originales y conservan detalles, diálogos, situaciones que pueden resultarnos familiares a quienes tenemos un conocimiento razonable de los textos en que se inspiran. Los ejemplos son muchos. En otros casos, el recurso al relato bíblico es más tangencial, casi un pretexto para caminar por otros derroteros y proponer reflexiones inspiradas en el texto, pero que quieren ir más allá. La última tentación de Cristo, o la más reciente Últimos días en el desierto, responden a esta pretensión. Y a ello se une María Magdalena, producción que indaga en una versión periférica del evangelio desde la perspectiva de María, la discípula de Jesús. Con una intención semejante a la que propuso Frank G. Slaughter en su novela “María de Magdala”, el director australiano Garth Davis se acerca a la biografía de María intentando rellenar los muchos vacíos que el relato evangélico ha dejado en torno a su figura.
El realizador intenta justificar por qué María Magdalena fue el primero de los apóstoles, testigo de la resurrección y fiel compañera de su Maestro en los caminos de Palestina y en los acontecimientos que pusieron fin a su vida. Se plantea la película desde una clave femenina que resultará muy acorde con una mentalidad moderna e incluso con la toma de postura de Jesús de Nazaret ante la discriminación sufrida por las mujeres en su tiempo. Desde los primeros minutos se nos revela en María Magdalena a una muchacha de fuertes convicciones, sueños y proyectos sin definir, que contraviene las costumbres y tradiciones de su familia y su pueblo, que parecen conducirla a un matrimonio concertado y a la maternidad como forma de realización personal. Su encuentro con Jesús de Nazaret provoca en ella un cambio de rumbo que modulará su vida. Como otros discípulos, deja su familia y se marcha en pos del maestro para compartir su camino.
La presentación de su figura, como icono de mujer que ansía vivir su vida al margen de las convenciones, y se mantiene firme incluso a pesar de cierta oposición por parte de quienes en el grupo de los apóstoles siguen queriendo conservar el vino nuevo en odres viejos, es lo más valioso de la película. María se muestra como alguien que ha entendido mejor que muchos las palabras del Maestro y actúa en consecuencia. El diálogo que mantiene con los apóstoles después de haber sido testigo de la resurrección muestra claramente la pretensión de hacer de María una mujer de mirada nueva, animosa y valiente, a la que la interpretación de Rooney Mara dota de una sensación de fuerza y a un tiempo de fragilidad que efectivamente conserva los valores y la esencia del personaje que los evangelios nos han legado.

Antonio Venceslá, cmf

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