Una guerra civil no termina el día que se firma el armisticio. Hay múltiples ejemplos en nuestra historia más o menos reciente que confirman este enunciado. Es difícil sortear el resentimiento y apagar los deseos de venganza de los grupos en conflicto. Muchos años después aún siguen vivas las ascuas del enfrentamiento.

El conflicto civil que enfrentó a cristianos libaneses y milicias palestinas, entre otros grupos, provocó más de 200.000 muertos. Es una más de las contiendas que salpicaron el mundo en el siglo XX. El insulto, película realizada por un director de origen libanés, incide en este tema, pero no de manera frontal, sino acudiendo al lenguaje de la parábola. Esto da como resultado una película interesantísima que presenta distintas opciones ideológicas enfrentadas y ofrece motivos para pensar en la (im)posibilidad de la reconciliación y el encuentro. Entre otros valores, El insulto es una lección de ética.

La historia comienza de un modo casi banal. Año 2017. Un cristiano riega las plantas de la terraza de su casa. El canalón que recoge el agua la derrama directamente a la calle, mojando a un trabajador palestino que realizaba obras de mantenimiento en el barrio. Estalla el conflicto entre ambos. Poco a poco, todo va adquiriendo tintes casi exagerados en los que se mezclan insultos, violencia física, y en última instancia, huellas de un pasado que visceralmente los enfrenta y les hace incapaces de acercarse y tender puentes de entendimiento. Lo que comienza como una reyerta mínima adquiere un volumen que implica a grupos políticos e incluso al gobierno del país. Y como telón de fondo, el conflicto no resuelto de la guerra civil vivida en el país que, si bien concluyó con los acuerdos de paz firmados a comienzos de los años noventa, no ha cristalizado en una reconciliación real de los bandos enfrentados.

Una vez más, de un modo entretenido, pero también ofreciendo materiales para la reflexión, el cine nos dispone a observar el mundo complejo en que vivimos, acercándonos a situaciones poco conocidas. No es difícil elevarse sobre la historia concreta y ampliar el ángulo de nuestra mirada a otras realidades que ofrecen igualmente disensión, odio visceral, reacciones encontradas.

Gran parte de la película se desarrolla en el tribunal que dirime el conflicto entre los dos protagonistas. Para que no decaiga el interés es necesario modular el ritmo de la historia y contar con buenas interpretaciones. Ambas cosas nos predisponen a disfrutar de dos horas muy interesantes y aprovechables.

Antonio Venceslá, cmf

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