SAN AGUSTÍN  28 de agosto

Mientras meditaba en el misterio de Dios paseando por la playa, Agustín vio al crío aquel que, con su cubo, quería meter el mar en el pocito que él había cavado. Pretensión imposible, semejante es la de reducir a una píldora la figura de San Agustín de Hipona.

En el diálogo con Jesús uno no sabe si Pilatos actuó como un cínico total o como un total mentecato ignorante cuando, despectivamente, le dijo al que era testimonio de la Verdad: «¡La verdad! ¿Y qué es la verdad?»

Esa fue la búsqueda inquieta e insaciable de Agustín: ¡La verdad! ¿Qué es la verdad? ¿Dónde está la verdad? Y no por ser él un cínico ni un total mentecato ignorante, sino por una sed profunda, existencial. Necesitaba respirar la verdad como necesitaba respirar el aire que llenaba sus pulmones.

Buscar lo que sustenta y sostiene la vida fue el desafío de su vida y es hoy nuestro desafío. Somos los hijos recién nacidos de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación. Estamos comunicados, hipercomunicados. Caen sobre nosotros auténticas cataratas de información. ¿Y la “verdad”?

En medio de esta tormenta de información y de comunicación, ¿buscamos la verdad? ¿Dónde la buscamos? ¿Cómo la buscamos? En los tres últimos días, ¿con cuántas personas he hablado por el móvil? ¿Cuánto tiempo? ¿Cuántos whatsapps insulsos he recibido? ¿Cuántos he enviado? ¿Cuántos correos electrónicos innecesarios? ¿Cuántas horas de televisión? ¿Cuántos telediarios? ¿Cuántos periódicos?

¿He buscado la Verdad? ¿He encontrado la Verdad?

Carlos Díaz Muñiz, cmf

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