«Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la Palabra y la entiende; ese da fruto y produce ciento o sesenta o treinta por uno». 

Jesús comenta hoy la parábola del sembrador. 

La semilla que el sembrador ha esparcido por el campo es la misma para todos los terrenos. Pero el fruto, si se llega a dar, es distinto en cada sitio. 

Tú eres tierra buena. Cada día se siembra en tí la semilla de la Palabra. La acoges e intentas hacerla fructificar. 

Pero también notarás cada día que nacen en tí malas hierbas. Que tu tierra se endurece y que aparecen pedregales. 

No te desanimes. Sigue cultivando tu terreno.

Verás el fruto tarde o temprano. El mismo sembrador, que es el Señor, te irá ayudando a hacer cada día de tu parcela un terreno mejor. 

Confía en el Señor. Él te dará un corazón grande y capaz de acoger con disponibilidad su Palabra para hacerla madurar en la paciencia y en la perseverancia para que dé frutos con generosidad para el bien de todos. Encomiéndate a María, la mujer que escuchó, acogió y encarnó la Palabra. Buenos días.

Antonio Sanjuán, cmf

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