Toda Europa está en deuda con San Benito: con su persona, con su obra, con su patronazgo. San Juan Pablo II lo proclamó Patrono principal de Europa en unos momentos en que Europa renacía y caminaba hacia el tercer milenio.
Su vida, breve, está instalada en la mitad del primer milenio, del año 480 al 547. Su obra, cargada de dinamismo, enriquece no solo la segunda mitad de ese milenio, sino todo el siguiente y, con su patronazgo, se adentra en el tercero.
Conciso fue su planteamiento y su mensaje: “Ora y trabaja”, que fructificó en incontables monasterios que fecundaron Europa entera, desde Escocia a la costa africana, desde Portugal a Bielorusia.
En nuestro tiempo de actividad desbocada, en el que no tener trabajo es una maldición, una lepra que aparta de la vida, falta nos hace recomponer el programa y equilibrarlo con el “ora” para darle sentido a cuanto hacemos, sentido humano y sentido de Dios.
A San Benito le encomendamos hoy el gran proyecto europeo, fruto de grandes corazones católicos: Robert Shuman, Jean Monet, Conrad Adenauer y Alcides de Gasperi (la causa de beatificación de algunos de ellos ya está iniciada) sembraron en 1949 la idea germinal de la Unión Europea. Ser católico hoy en Europa compromete con este gran proyecto católico de paz y de concordia. “Ora et labora”. Lo que se ha vivido durante siglos en los claustros y rincones de los monasterios benedictinos, grandes y pequeños, en toda Europa.

Y tú, ¿Llevas una vida equilibrada entre el “ora” y el “labora”?

Carlos Díaz Muñiz, cmf

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