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“Una voz que me dice…”

(S. A. Mª. Claret. Autobiografía 114)

PRÁCTICA DE LA LECTIO DIVINA EN GRUPO

17 de Junio de 2018: XI Domingo Tiempo Ordinario

Disposición espiritual.

Haz silencio, exterior e interior. Invoca al Espíritu Santo con esta u otra oración: ¡Oh Señor Jesús!; te pido la alegría de comprender puramente tus palabras, inspiradas por tu Santo Espíritu. Amén.

Texto: Mc 4, 26-34

1. Lectura (lectio). Lo que el texto dice

Lee y relee tranquila y detenidamente este pasaje bíblico fijándote bien en todos los detalles. Descubre sus recursos literarios, las acciones, los verbos, los sujetos, el ambiente descrito, su mensaje. Tras un momento de silencio descubrimos juntos qué dice el texto.

Como indica su propio encabezamiento, las parábolas de Jesús hablan sobre el Reino. Dicho de otro modo, pretenden revelarnos el modo en que Dios actúa -“reina”- en medio de nuestra realidad para transformarla. Suelen ser relatos breves -a veces simples comparaciones-, claros y creíbles, normalmente inspirados en la vida ordinaria de aquellos que escuchaban el mensaje. En el fondo de cada una de ellas hay una metáfora, puesto que se cotejan dos realidades entre las cuales existe algún tipo de semejanza: la de la parábola y la del Reino. Necesitan, por tanto, una interpretación que nos ayude a descubrir su verdadero sentido.

Las dos parábolas que hemos leído están inspiradas en imágenes agrícolas y reflejan los conocimientos de la época. La primera se fija en el proceso que va desde la siembra hasta la siega, subrayando la fuerza de vida que se encierra en el interior de la semilla. Gracias a ella puede germinar y crecer por sí sola, sin que el sembrador pueda hacer nada para controlar ese proceso, que se realiza “sin que él sepa cómo”. A la hora de la siega recogerá una cosecha cuya abundancia sobrepasará en mucho los esfuerzos que a él le ha costado conseguirla. La segunda parábola subraya el resultado final del proceso de crecimiento poniendo de relieve el contraste entre la pequenez de la semilla y la frondosidad del arbusto que se ha desarrollado a partir de ella. ¿Qué mensaje sobre el Reino de Dios se encierra en cada una de estas parábolas?

En la primera de las parábolas Jesús viene a decir que el crecimiento del Reino depende mucho más de la iniciativa de Dios que de los esfuerzos humanos. Eso no significa que la persona pueda desentenderse del todo, pero no le toca controlar el proceso mediante el cual el Reino avanza. Su tarea es sembrar y segar, pero sólo Dios hace madurar los frutos y asegura la cosecha. La segunda parábola afirma que, en contra de lo que esperaban muchos contemporáneos de Jesús, el Reino no se hace presente de modo espectacular ni grandioso. Un día se hará realidad plenamente, pero mientras tanto, Dios ya está actuando en este mundo a través de hechos aparentemente sencillos e irrelevantes.

En principio, las parábolas están pensadas para facilitar la comprensión del mensaje, puesto que tratan de acomodarse a la capacidad de entender del auditorio. Pero sólo pueden ser comprendidas de verdad por quienes se deciden a seguir a Jesús. De ahí que los discípulos reciban una instrucción particular sobre su sentido más profundo. En cambio, para quienes se cierran a la Buena Noticia del Reino, resultan incomprensibles (Mc 4,10-12). Ante las parábolas hay que decidirse. Son historias inacabadas, interrogantes en espera de una respuesta que cada uno de nosotros está llamado a dar con sus opciones de vida y su compromiso personal.

2. Meditación (meditatio). Lo que el texto me dice

Permite que lo leído baje hasta el corazón y encuentre en él un centro de acogida donde pueda resonar con todas las vibraciones posibles. Es Dios mismo quien te atrae y te habla al corazón. Se trata de una “rumia” -ruminatio- que va haciendo que la Palabra vaya calando dentro, hasta quedar del todo hecha carne propia. Déjate seducir por la Palabra. Sigue sus hondos impulsos. Quédate con algún verso o frase.

Las parábolas de Jesús no son cuentos de viejas, ni un modo más o menos agradable de entretener al público. En ellas se encierra “el misterio del Reino”, puesto que nos revelan el modo de ser de Dios y su manera de actuar en medio de nuestra realidad. Por eso no podemos quedar indiferentes ante ellas, sino que hemos de optar por acoger o rechazar la Buena Noticia que contienen.

Por lo que se refiere a la FE: En el fondo, las parábolas de Jesús hablan del misterio de Dios. ¿Qué aspectos del ser de Dios y de su modo de actuar ves plasmados en las que hemos leído hoy?

En las parábolas de Jesús se mezcla lo familiar y conocido con lo desconcertante y sorprendente. ¿Hasta qué punto te cuadra o te desconcierta la imagen de Dios que has descubierto en ellas?

Pensando en la ESPERANZA: Las parábolas que hemos escuchado son profundamente optimistas. ¿En qué sentido te ayudan a mantener despierta la esperanza? ¿Crees que los creyentes tenemos claro eso de que el Reino de Dios crece misteriosamente pero con una fuerza imparable?

3. Oración (oratio). Lo que yo digo a Dios y lo que Dios me dice a partir del texto.

Habla ahora a Dios. La oración es la respuesta a las sugerencias e inspiraciones, al mensaje que Dios te ha dirigido en su Palabra. Haz silencio dentro de ti y acoge las palabras de Jesús en tu corazón. Ora con sinceridad con confianza. Orar es permitir que la Palabra, acogida en el corazón, se exprese con los sentimientos que ella misma suscita: acción de gracias, alabanza, adoración, súplica, arrepentimiento… Es el momento de la celebración personal y comunitaria. Sobre todo, deja hablar a Dios nuestro Padre. Practicando estas palabras, terminarás por transformarte en El

Las parábolas pueden ser también una fuente de oración. Detrás de su apariencia sencilla e ingenua, se revela el rostro de un Dios que no deja de sorprendernos. Pongámonos una vez más delante de ese misterio en actitud orante.

Compartimos nuestra ORACIÓN según el pasaje resuene en cada uno de nosotros.

Cantamos SOIS LA SEMILLA (C. Gabaraín) u otro canto semejante.

Sois la semilla que ha de crecer

Sois estrella que ha de brillar

Sois levadura, sois grano de sal

Antorcha que ha de alumbrar

Sois la mañana que vuelve a nacer

Sois espiga que empieza a granar

Sois aguijón y caricia a la vez

Testigos que voy a envíar

Id amigos por el mundo, anunciando el amor

Mensajeros de la vida, de la paz y el perdón

Sed amigos los testigos de mi resurrección

Id llevando mi presencia, con vosotros estoy

Sois una llama que ha de encender

Resplandores de fe y caridad

Sois los pastores que han de guiar

Al mundo por sendas de paz

Sois los amigos que quise escoger

Sois palabra que intento gritar

Sois reino nuevo que empieza a

engendrar justicia, amor y verdad.

4. Acción misionera (actio). Hágase en mi según tu palabra

Todo encuentro con el Señor de la vida, presente en su Palabra, culmina en la misión. Hay que cumplir la Palabra, para no ser condenado por ella. La Palabra, si se ha hecho con sinceridad los pasos anteriores, posee luz suficiente para iluminar nuestra vida, y fuerza para ser llevada a la práctica. El fruto esencial de la Palabra es la caridad. Deberíamos acabar pronunciando las palabras de la entrega misionera del profeta ante el Señor, que pide nuestra colaboración : “Aquí estoy, envíame” (Is 6,8). María, tras escuchar la Palabra y darle su aceptación, se puso en camino (Lc 1,39).

Relacionado con la CARIDAD: Es verdad que el Reino crece “sin que nosotros sepamos cómo” porque es, antes que nada, obra de Dios. Pero eso no significa que podamos cruzarnos de brazos. ¿De qué manera te invitan estas parábolas a enfocar tu compromiso cristiano?

¿Qué “semillas” de Reino puedes sembrar en los ambientes en que te mueves?

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