“Vosotros rezad así: Padre Nuestro del cielo, santificado sea tu nombre, venga tu Reino hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy el pan nuestro de cada día, perdona nuestras ofensas pues nosotros perdonamos a los que nos han ofendido, no nos dejes caer en la tentación, sino líbranos del Maligno”. 

Se puede orar rezando. Pero puede ser que recemos sin orar. 

A veces repetimos palabras y palabras de una forma mecánica y sin caer en la cuenta de lo que cada palabra entraña. 

Jesús nos aconseja hoy que en nuestra oración no usemos muchas palabras. 

Nos anima a acercarnos al Padre con una gran confianza, invocándolo simplemente y sintiéndonos hijos suyos. 

También nos enseña las palabras que expresan los profundos sentimientos de toda auténtica oración cristiana: el Padre Nuestro. Orar con el Padre Nuestro es ponernos en la presencia de Dios como Padre, sentirnos sus hijos necesitados y también sentirnos en fraternidad con todo ser humano, hijo del Padre igual que yo. 

Reza hoy despacio el Padre Nuestro gustando y saboreando cada frase y cada palabra. 

Buenos días.

Antonio Sanjuán, cmf

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