«Que vuestro hablar sea sí, sí, no, no». 

     Cuántas veces tenemos en los labios unas palabras que pronunciamos y dirigimos a Dios y a los demás y, sin embargo, en el corazón tenemos sentimientos que no corresponden a esas palabras.       

     Cuántas veces deseamos el bien a los demás y en el fondo estamos llenos de envidias y rencores.

    Cuántas veces decimos al Señor «hágase tu voluntad» y, en el fondo, nos estamos buscando a nosotros mismos. 

     Es un buen día el de hoy para examinar, desde este trozo del Evangelio, nuestra sinceridad de corazón. 

Examina si realmente las palabras que afloran a tus labios proceden de verdad de tu corazón. 

Que, como nos dice a todos Jesús, «tu hablar sea sí, sí, no, no. Lo que pasa de ahí viene del Maligno». Buenos días.

Antonio Sanjuán, cmf

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