“Felices los pobres, los que lloran, los sufridos, los misericordiosos, los limpios de corazón, los perseguidos”. 

Una de las grandes aspiraciones del ser humano es el ser feliz. Y cada cual basa su felicidad en algo o en alguien. 

Jesús, como nuevo Moisés que da una nueva ley, nos indica hoy el camino de la felicidad y nos dice que la verdadera felicidad y la auténtica dicha no se basan en el tener sino en el ser. 

No está la felicidad ni la dicha en tener dinero, fama, triunfos, poder… El programa que nos propone Jesús es todo lo contrario. Se basa en la pobreza, en el compartir, en la humildad y la sencillez de corazón, en no buscar los propios intereses, sino los intereses de los demás. 

En definitiva, es el mismo programa en el que Él se basó. 

Como ya hemos comentado alguna vez, el programa de Jesús consiste en ceñirse bien la “toalla” y en “mancharse bien las manos y el mandil”. Esto indica que estás trabajando y sirviendo a los demás.

Buenos días.

Antonio Sanjuán, cmf

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