Hace dos semanas traíamos a esta sección la experiencia de personas que viven en un barrio periférico, en este caso Casería del Cerro, en Granada. Hoy, el Equipo Coordinador del Proyecto Emaús de nuestra Parroquia del Espíritu Santo, un proyecto misionero y socio-educativo en dicho barrio, nos trae su reflexión con unas ideas-claves sobre cómo trabajar para eliminar esa lacra. Sirva de encuadre de toda esta reflexión uno de los carteles que tienen en el local del Proyecto con una frase del papa Francisco en su Encíclica “Laudato Sí” hablando, precisamente, de los barrios periféricos: “Quiero insistir en que el Amor puede más”. A buen seguro, en el Proyecto Emaús lo están haciendo realidad.

Agustín Ndour

Ideas/ claves para trabajar para que los barrios periféricos no se sientan excluidos:

En este tipo de zonas que por su situación geográfica en las ciudades y por sus características socioeconómicas y culturales se encuentran en situación de exclusión social, es principal que la población que habita en ellas se sientan acompañados. Que
sientan una presencia y apoyo real de las administraciones públicas, las entidades que trabajan allí, de las personas que viven en otras zonas y de los propios vecinos del barrio.

En este sentido, una de nuestras premisas es cuidar nuestra presencia en el barrio como asociación y como Iglesia. Una presencia cercana, que acompaña, escucha, aprende, se deja cuestionar, etc. Haciendo sentir a la gente del barrio que forman parte de nuestro
proyecto y de otros. Y por tanto dar un testimonio no de exclusión sino de acogida, aceptación y cariño.

Por eso creemos que también es muy importante trabajar el tema de la participación y de la implicación de la gente del barrio, desde pequeños actos, reivindicaciones, colaborando en las distintas mesas, plataformas y entidades sociales de la zona poniendo su voz, generando de esta manera cambios dentro del propio barrio. Para lograr esto, es necesario darles protagonismo y hacer que ganen en confianza y en aprecio por lo que son y tienen. Si uno no se aprecia ni aprecia el lugar donde vive, ¿cómo va a hacer que otros lo aprecien y valoren lo que tiene?

Para ello es necesario descubrir las luces y sombras del barrio. Las luces para darlas a conocer y ponerlas en valor y las sombras para tratar de darles brillo y luz, transformándolas. Desde ahí, tratar de cambiar o eliminar situaciones o conductas que favorecen el que la exclusión se dé (violencia, delincuencia, drogas, absentismo, dinero fácil sin esfuerzo, etc). Formar y sensibilizar a la población del barrio utilizando una dinámica de implicación y participación.

Otro de los puntos que consideramos importantes es trabajar en la sensibilización y visualización de la realidad social que se vive en estas zonas. Ser incansables y no perder el ánimo en esta tarea ya que el fin es provocar cambios y mejoras en las vidas de sus vecinos. Por un lado, con la presencia en mesas, plataformas, y espacios de participación dando lugar al trabajo conjunto de entidades sociales, administraciones públicas y ciudadanía. Y por otro, normalizando y ayudando a la eliminación de prejuicios, provocando una llamada a la participación a los vecinos de otros barrios de la ciudad en las actividades e iniciativas que se generen ayudando así a la convivencia y eliminación de barreras, poniendo en valor todas las riquezas que también estas zonas ofrecen.
No será un proceso rápido, ni fácil ya que supone romper con clichés y estereotipos muy arraigados, pero está en todos nosotros seguir trabajando con el ánimo y la creencia en lograr verdaderas pequeñas grandes transformaciones.

Equipo Coordinador del Proyecto Emaús, Parroquia del Espíritu Santo (Granada)

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