17 de junio 2018. Mt 4, 26-34

A grandes males, grandes remedios. Es algo que solemos pensar y, a veces, nos sirve de excusa para no hacer nada. Ante los grandes problemas de nuestra sociedad creemos que lo poco que uno puede aportar, se quedará sin efecto.
Sería bueno que este domingo pensáramos en las parábolas que nos cuenta Jesús sobre las semillas: tienen una gran fuerza interior, crecen por sí solas, y aún las más pequeñas pueden llegar a convertirse en árboles. Cuando en nuestra actividad hay una fuerza interior como el amor, la ilusión o el interés, se vuelve más eficaz. Pero si esa fuerza viene de Dios, de su Espíritu, entonces su eficacia se multiplica.
Así conduce Dios nuestra historia. Necesitamos confiar en su palabra y olvidar nuestro protagonismo. Muchos granitos de arena llegan a hacer un montículo. Muchas semillas fructificando pueden hacer un bosque. Un grupo de rudos pescadores, en un remoto lugar del imperio romano, siguiendo a un joven maestro lograron cambiar la historia del mundo. La Buena Noticia del Reino llegó a todas partes.
El crecimiento y la maduración del grupo de creyentes durante más de dos mil años es obra de Dios. El Reino está en marcha y crece sin que sepamos cómo. Necesitamos confiar en los planes de Dios, aunque estos no quepan en nuestros ordenadores…

Juan Ramón Gómez, cmf

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