He tenido que hacer varias veces cola, esperando con otros extranjeros en una de las oficinas de extranjería en Madrid. Tengo que renovar el carné de identidad como estudiante todos los años. Uno de esos días, me fijé en que… entre todos los que estábamos allí, había de todo.

La mayoría éramos jóvenes de varios países. Algunos estudiantes, otros ya estaban trabajando, otros eran familias jóvenes, etc. En cuanto al idioma, había muchos que no sabían muy bien español, otros no sabían cómo hay que preparar bien los documentos y buscar informaciones por internet, aunque estuviera todo muy bien indicado. Además, si es la primera vez que se vive en Madrid, hay que aprender a viajar en Metro o autobús para poder moverse dentro de la ciudad. La verdad es que bastante complicado todo el proceso. Pero todo es necesario si quieres renovar el DNI para poder seguir viviendo en el país correspondiente, en este caso, España. 

Y…¿Qué pasa con nuestra vida cristiana? Desde pequeño hemos recibido muchas informaciones y formaciones sobre cómo tenemos que prepararnos para ser buenos cristianos, seguidores de Jesucristo, para “entrar en el cielo”. Hay que ir a la catequesis una vez a la semana, ir a Misa los domingos, participar en la vida parroquial y sacramental, fomentar la vida de oración, lectura y meditación de la Palabra de Dios, participar en algunas actividades religiosas de verano, actividades voluntarias, etc.

Quizás podemos pensar que son demasiadas preparaciones, que te llevan muchos años y muchas horas. Pero sí, es necesario, formarse y seguir formándose. Prepararse y seguir preparándose, para sentirnos cada vez con una mayor experiencia y conocimiento y, sobre todo, para estar familiarizados con “las informaciones del cielo”, con “las cosas de Dios”. Porque son como “documentos” que hay que preparar para tener el “DNI del cielo”.

Así, una vez que nos enteremos del proceso para llegar “al cielo”, una vez que aprendamos mejor “el idioma”, ya sabremos a qué “oficina” debemos ir, por qué “calle” debemos pasar, qué “metro” hay que coger, cómo habremos de buscar las informaciones “en la nube”, etc. Todo será posible y más fácil.  

Todo esto lo hacemos aquí y ahora, porque “el cielo” está aquí, el Reino de Dios está aquí, está dentro en cada uno de nosotros.

Y siempre con la confianza en Dios, sabiendo que Él es el “Administrador” de todo el proceso. Por eso le pedimos a Dios que se haga su voluntad, aquí en la tierra como en el cielo. Hacemos lo que nos corresponde, como “un siervo y extranjero”, con la fe y esperanza en que Dios nos dará “el carné del ser hijo” al terminar el proceso.

Tomas M. Joustefen, cmf.

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