La noche quiebra el paso ante una luna
airada. Ni estrellas ni luceros.
En la sombra están. Faltan veleros
que naveguen sus penas de una en una.

En el espejo opaco de una duna
se dibujan sus rostros venideros.
En su haber penas, lágrimas y ceros.
Y en sus sueños, el beso de una luna.

En la calle están. Cruzan las aceras
como sombras vivientes. Y se inmola
la tarde en sus ropajes. Nadie mira.

Y ellos sueñan la tierra sin fronteras.
Cae la noche en el vagón de cola
mientras un mundo ciego gira y gira.

Blas Márquez, cmf

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