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«Una voz que me dice…»

(S. A. Mª. Claret. Autobiografía 114)

PRÁCTICA DE LA LECTIO DIVINA EN GRUPO

06 de Mayo de 2018: DOMINGO VI DE PASCUA

Disposición espiritual.

Haz silencio, exterior e interior. Invoca al Espíritu Santo con esta u otra oración: ¡Oh Señor Jesús!; te pido la alegría de comprender puramente tus palabras, inspiradas por tu Santo Espíritu. Amén.

Texto: Jn 15, 9-17

1. Lectura (lectio). Lo que el texto dice

Lee y relee tranquila y detenidamente este pasaje bíblico fijándote bien en todos los detalles. Descubre sus recursos literarios, las acciones, los verbos, los sujetos, el ambiente descrito, su mensaje. Tras un momento de silencio descubrimos juntos qué dice el texto.

La página del evangelio de Juan que hemos leido hoy es la continuación inmediata de aquella que proclamamos domingo pasado. Allí Jesús pedía a sus discípulos que permanecieran unidos a él como los sarmientos a la vid, pero ahora concreta un poco más lo que eso significa. La unión entre Jesús y el creyente, a imagen de aquella que existí entre él mismo y el Padre, es una comunión fundamentad en el amor y ha de expresarse en el cumplimiento del mandamiento nuevo. Esta relación, calificada por Jesús como «amistad», es fuente de alegría y de buenos frutos.

Si comparamos este pasaje con aquel que leímos el pasado domingo nos daremos cuenta de que usa algunas de sus mismas expresiones («permanecer», «dar fruto»), aunque también contiene otras nuevas («amar», «amor», «mandamiento»). No resulta fácil seguir la argumentación de Juan, porque va encadenando diversos temas. Quizás ayude saber que todos ellos persiguen un mismo fin: describir rasgos del verdadero discípulo.

Por cuanto leímos el domingo anterior, ya sabemos que dos de esos rasgos consisten en «permanecer unidos a Jesús» y en «dar fruto», pero en los versículos precedentes no se explicaba en qué consisten ambas cosas. El evangelio de hoy nos lo aclara. Para permanecer unidos a Jesús hay que permanecer en su amor. Se puede comprobar las veces que aparecen las palabras “amor”o “amar” en este pasaje para entender mucho mejor el tipo de relación que Jesús quiere establecer con sus discípulos.

Se habla aquí de una corriente de amor que comienza en Dios y a través de Jesús llega a los discípulos, que son amados en la misma medida en que él es amado por el Padre. Jesús quiere que sus seguidores participen de sus motivaciones más profundas y hagan la misma experiencia de amor y de obediencia que le ha vinculado tan estrechamentecon el Padre. Para ello, Jesús les pide que cumplan sus mandamientos, que se reducen a uno solo y cuyo contenido aparece enunciado dos veces en el texto, lo cual indica su importancia. ¿De qué mandamiento se trata?

Siguiendo la lógica del texto, Jesús invita a dar un paso más y a prolongar esa corriente de amor pidiendo a los suyos que se amen mutuamente con el mismo amor con que él los ha amado. ¿No será ése el fruto que deben dar en abundancia los que permanecen unidos a él?

Esta absoluta compenetración que Jesús quiere establecer con los suyos les proporciona a su vez una estrecha comunión con Dios Padre y, al mismo tiempo, les impulsa a vivir entre ellos este mismo amor que han recibido gratuitamente.

Sentirse amigos de Jesús y no siervos, amados desde el corazón de Dios, elegidos por él sin méritos propios, enviados a dar un fruto que dure… debería hacernos enfocar nuestra vinculación con él de un modo nuevo.

2. Meditación (meditatio). Lo que el texto me dice

Permite que lo leído baje hasta el corazón y encuentre en él un centro de acogida donde pueda resonar con todas las vibraciones posibles. Es Dios mismo quien te atrae y te habla al corazón. Se trata de una “rumia” -ruminatio- que va haciendo que la Palabra vaya calando dentro, hasta quedar del todo hecha carne propia. Déjate seducir por la Palabra. Sigue sus hondos impulsos. Quédate con algún verso o frase.

El núcleo del evangelio es sin duda el amor. Pero no se trata de un amor cualquiera. Por desgracia tenemos esta palabra demasiado gastada de tanto usarla para referirnos a cosas tan diferentes. Hay quien llama amor a una corazonada, o a una pasión pasajera, o al sexo puro y duro. El amor del que Jesús nos habla es otra cosa y nosotros, como seguidores y amigos suyos, somos invitados a permanecer en él para poder dar aquellos buenos frutos que maduran cuando se pone en práctica su mandamiento.

Por lo que se refiere a la FE: «Como el Padre me ama a mí, así os amo yo a vosotros». ¿Qué sentimientos y qué convicciones de fe suscitan en ti estas palabras de Jesús?

«Desde ahora os llamo amigos, porque os he dado a conocer todo lo que he oído a mi Padre». ¿Qué tipo de relación te invitan a establecer estas palabras con Jesús y con el Padre?

Con respecto a la ESPERANZA: «Os he dicho todo esto para que participéis en mi gozo». ¿Qué motivos de alegría y esperanza encuentras en las palabras de Jesús que hemos leído hoy?

¿Qué característica fundamental tiene el Reino que te invita a construir y a esperar?

3. Oración (oratio). Lo que yo digo a Dios y lo que Dios me dice a partir del texto.

Habla ahora a Dios. La oración es la respuesta a las sugerencias e inspiraciones, al mensaje que Dios te ha dirigido en su Palabra. Haz silencio dentro de ti y acoge las palabras de Jesús en tu corazón. Ora con sinceridad con confianza. Orar es permitir que la Palabra, acogida en el corazón, se exprese con los sentimientos que ella misma suscita: acción de gracias, alabanza, adoración, súplica, arrepentimiento… Es el momento de la celebración personal y comunitaria. Sobre todo, deja hablar a Dios nuestro Padre. Practicando estas palabras, terminarás por transformarte en El

Decía Santa Teresa que orar es hablar de amistad con quien sabemos que nos ama. Por eso las palabras que hemos meditado en el evangelio de hoy deben conducirnos obligatoriamente a la oración. De amigo a amigo. Porque nos ha demostrado el amor más grande, que es dar la vida por nosotros.

Compartimos nuestra ORACIÓN según el pasaje haya resonado en cada uno de nosotros.

Cantamos: «OS DOY UN MANDATO NUEVO”

Os doy un mandato nuevo.(bis)

Que os améis mutuamente como yo os he amado, dice el Señor.(bis)

La señal por la que el mundo
distinguirá a los cristianos
ha de ser si nos amamos
como Cristo nos amó. Ha de ser si nos amamos como Cristo nos amó.

S: Si el Señor, vuestro Maestro,
os ha lavado los pies,
sus discípulos seréis
siguiendo su mismo ejemplo.

T: Sus discípulos seréis
siguiendo su mismo ejemplo.

4. Acción misionera (actio). Hágase en mi según tu palabra

Todo encuentro con el Señor de la vida, presente en su Palabra, culmina en la misión. Hay que cumplir la Palabra, para no ser condenado por ella. La Palabra, si se ha hecho con sinceridad los pasos anteriores, posee luz suficiente para iluminar nuestra vida, y fuerza para ser llevada a la práctica. El fruto esencial de la Palabra es la caridad. Deberíamos acabar pronunciando las palabras de la entrega misionera del profeta ante el Señor, que pide nuestra colaboración : “Aquí estoy, envíame” (Is 6,8). María, tras escuchar la Palabra y darle su aceptación, se puso en camino (Lc 1,39).

En alusión a la CARIDAD: «Amaos los unos a los otros, como yo os he amado». ¿Hasta qué punto el mandamiento nuevo de Jesús inspira y motiva tu compromiso cristiano?

«Os he destinado para que vayáis y deis fruto abundante y duradero». ¿Qué frutos de amor te está pidiendo el Señor en estos momentos en cada uno de los lugares y ambientes donde vives y trabajas?

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