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“Una voz que me dice…”

(S. A. Mª. Claret. Autobiografía 114)

PRÁCTICA DE LA LECTIO DIVINA EN GRUPO

22 de Abril de 2018: DOMINGO IV DE PASCUA

Disposición espiritual.

Haz silencio, exterior e interior. Invoca al Espíritu Santo con esta u otra oración: ¡Oh Señor Jesús!; te pido la alegría de comprender puramente tus palabras, inspiradas por tu Santo Espíritu. Amén.

Texto: Jn 10, 11-18

1. Lectura (lectio). Lo que el texto dice

Lee y relee tranquila y detenidamente este pasaje bíblico fijándote bien en todos los detalles. Descubre sus recursos literarios, las acciones, los verbos, los sujetos, el ambiente descrito, su mensaje. Tras un momento de silencio descubrimos juntos qué dice el texto.

La imagen del buen pastor, aparentemente entrañable y bucólica, contiene una fuerte denuncia contra los dirigentes judíos que son considerados como falsos pastores de Israel. Por eso este pasaje se entiende mejor si se lee en su contexto: la discusión entre Jesús y los fariseos que sigue a la curación del ciego de nacimiento (Jn 9,1-10,21).

En primer lugar, Jesús compara la actitud del buen pastor con la del pastor asalariado (Jn 10,11-13). ¿Cómo actúa cada uno de ellos con las ovejas? ¿Por qué lo hace? ¿Qué consecuencias tiene el comportamiento de ambos para el rebaño?

En el contexto de la polémica precedente, Jesús se está comparando a sí mismo con los fariseos, que en vez de servir al pueblo se han servido de él, lo han abandonado a su propia suerte y han mirado sólo por su propio interés. Podéis ver una reflexión muy parecida en las recomendaciones que 1 Pe 5,1-5 hace a los presbíteros de la comunidad cristiana.

El segundo desarrollo, introducido, como el primero, por la fórmula “yo soy el buen pastor” (Jn 10,14-15), se centra en la relación que existe entre Jesús y los creyentes ¿De qué manera está descrita esta relación en el pasaje? Podréis observar que dicha relación se caracteriza por el conocimiento mutuo. Teniendo en cuenta que en la Biblia el verbo “conocer” alude a una íntima comunión entre las personas, se habla aquí no de una relación superficial o circunstancial, sino profunda y personal. En definitiva, de un amor recíproco como el que existe entre Jesús y el Padre. Pero más allá de esto, el texto insiste sobre todo en la entrega sin reservas del buen pastor. Sin duda está pensando aquí en la muerte de Jesús, como él mismo explica más adelante (Jn 10,17-18). Esto es lo que caracteriza al Buen Pastor: su entrega voluntaria y total, hasta dar la vida por los demás.

En la tercera parte del pasaje Jesús habla también de “otras ovejas” que todavía no forman parte de su redil (Jn 10,16). ¿Cuál es la actitud del buen pastor hacia ellas? Bajo esta denominación se alude seguramente a los paganos, es decir, a aquellos que no formaban parte del pueblo israelita. El pasaje contiene, por tanto, una dimensión universalista según la cual la muerte de Jesús servirá para convocar una comunidad en la que ya no tendrán vigencia las fronteras y discriminaciones marcadas por la religiosidad judía.

La meditación sobre Jesús como Buen Pastor nos invita, en primer lugar, al agradecimiento. Gracias a su entrega por nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene. Este domingo puede ser también una buena ocasión para agradecer el ministerio pastoral del Papa, los obispos, los sacerdotes, los diáconos, los catequistas… llamados a reproducir en medio de la comunidad la imagen de Cristo Buen Pastor.

2. Meditación (meditatio). Lo que el texto me dice

Permite que lo leído baje hasta el corazón y encuentre en él un centro de acogida donde pueda resonar con todas las vibraciones posibles. Es Dios mismo quien te atrae y te habla al corazón. Se trata de una “rumia” -ruminatio- que va haciendo que la Palabra vaya calando dentro, hasta quedar del todo hecha carne propia. Déjate seducir por la Palabra. Sigue sus hondos impulsos. Quédate con algún verso o frase.

Puede ser que, para nuestra sensibilidad moderna, la alegoría del pastor y las ovejas haya quedado un tanto desfasada, sobre todo por aquello de que a nadie le gusta sentirse como parte de un rebaño, de un colectivo despersonalizado, masificado, sin identidad propia. Eso es justamente lo que nunca debería pasarle a la comunidad cristiana si sigue de verdad a Jesús y se deja guiar por él.

En relación a la fe: “Yo soy el buen pastor; conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí”. ¿En qué sentido te ayuda esta imagen a conocer mejor a Jesús y a relacionarte con él?

¿Qué sentimientos y actitudes provoca en ti el saberte conocido y amado por el Señor?

Con respecto a la esperanza: ¿Qué elementos encuentras en las palabras de Jesús que te ayuden a pensar con esperanza en una Iglesia menos masificada y más comunitaria?

3. Oración (oratio). Lo que yo digo a Dios y lo que Dios me dice a partir del texto.

Habla ahora a Dios. La oración es la respuesta a las sugerencias e inspiraciones, al mensaje que Dios te ha dirigido en su Palabra. Haz silencio dentro de ti y acoge las palabras de Jesús en tu corazón. Ora con sinceridad con confianza. Orar es permitir que la Palabra, acogida en el corazón, se exprese con los sentimientos que ella misma suscita: acción de gracias, alabanza, adoración, súplica, arrepentimiento… Es el momento de la celebración personal y comunitaria. Sobre todo, deja hablar a Dios nuestro Padre. Practicando estas palabras, terminarás por transformarte en El

En nuestra oración, experimentemos que nuestras vidas y la Iglesia toda están en las manos del Buen Pastor.

ORAMOS comunitariamente según haya resonado en nosotros este pasaje y lo que hemos compartido a lo largo de la reunión.

Recitamos: “EL SEÑOR ES MI PASTOR”

El Señor es mi pastor, nada me falta.

En prados de hierba fresca me hace reposar,

me conduce junto a fuentes tranquilas

y repara mis fuerzas.

Me guía por el camino justo,

haciendo honor a su Nombre.

Aunque pase por un valle tenebroso,

ningún mal temeré,

porque Tú estás conmigo.

Tu vara y tu cayado me dan seguridad.

Me preparas un banquete

en frente de mis enemigos,

perfumas con ungüento mi cabeza

y mi copa rebosa.

Tu amor y tu bondad me acompañan

todos los días de mi vida;

y habitaré en la casa del Señor

por años sin término.

4. Acción misionera (actio). Hágase en mi según tu palabra

Todo encuentro con el Señor de la vida, presente en su Palabra, culmina en la misión. Hay que cumplir la Palabra, para no ser condenado por ella. La Palabra, si se ha hecho con sinceridad los pasos anteriores, posee luz suficiente para iluminar nuestra vida, y fuerza para ser llevada a la práctica. El fruto esencial de la Palabra es la caridad. Deberíamos acabar pronunciando las palabras de la entrega misionera del profeta ante el Señor, que pide nuestra colaboración : “Aquí estoy, envíame” (Is 6,8). María, tras escuchar la Palabra y darle su aceptación, se puso en camino (Lc 1,39).

En alusión a la caridad: “El buen pastor da la vida por las ovejas”. ¿A qué estilo de compromiso deberían conducirnos estas palabras de Jesús? ¿En qué ocasiones deberías ser buen pastor para quienes te rodean?

Las actitudes del Buen Pastor deberían ser reproducidas de un modo especial por todos aquellos que en la Iglesia son llamados “pastores”. ¿Qué actitudes te gustaría encontrar en ellos? ¿Cómo podríamos ayudarles a encarnarlas?

Miguel Maestre, cmf

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