«Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en Él, sino que tengan vida eterna». 

Dios te ama infinitamente. Tanto que te ha entregado a su Hijo único para que tengas su misma vida. 

Y esa vida de Dios en tí te hace ver tu propia vida de otra manera y con otra luz. 

Es el amor de Dios el que hace posible que todo lo que existe logre su plenitud y su belleza. 

Por eso, en la medida en que te abres al amor de Dios te abres a la esperanza, a la luz, a la alegría y a la salvación. 

El amor de Dios por cada uno de sus hijos es inmenso, gratuito, desinteresado… nunca nos roba posibilidades ni nos recorta las auténticas alegrías de la vida. 

Ese amor se expresa plenamente en Jesús que, clavado en la cruz, nos abraza para que ninguno de los que en Él creemos perezcamos sino que tengamos vida eterna en abundancia . 

¡Señor, haz que abra las puertas de mi vida a tu presencia porque en esa presencia amorosa seré plenamente feliz!.

Buenos días.

Antonio Sanjuán, cmf

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