Confieso de entrada que no me ha gustado Oro. Entiendo que los acontecimientos posteriores al descubrimiento de América provocaron situaciones muy lesivas para la población indígena, que se vio diezmada y sometida a un régimen de esclavitud. Las críticas de Bartolomé de las Casas o Antonio Valdivieso refuerzan esta constatación. Pero precisamente la existencia de personas como las mencionadas nos muestra que no todos los españoles que fueron a América lo hicieron buscando el honor, el oro y la gloria. O no lo hicieron pagando cualquier precio. En Oro, la película, no hay personajes positivos. Todos son pendencieros, mentirosos, violentos, egoístas, sin señales de un valor o cualidad que los redima. Por eso, es una película que retrata una visión del descubrimiento y la colonización marcada por rasgos muy negativos. Que sucedió eso, no se puede negar. Que solo sucediera eso, es más que discutible.

Por otro lado, confieso que me gustan mucho las novelas de Arturo Pérez Reverte. Su lectura me ha proporcionado horas de entretenimiento y satisfacción. La piel del tambor, o La reina del Sur, El tango de la guardia vieja, o las novelas protagonizadas por el capitán Alatriste o recientemente el espía Lorenzo Falcó, están admirablemente escritas y es evidente el gran trabajo de documentación que hay detrás de sus páginas. Digo esto, porque Oro parte de un guion original del escritor de Cartagena. Tal vez, pienso, sea una historia más para ser leída que ser vista en una pantalla. Al leerla, el lector modula el alcance de la narración y tiene la oportunidad de mover su imaginación atenuando la intensidad de las circunstancias descritas. Al trasladarla a la pantalla, las imágenes empujan al espectador a ver la historia desde una perspectiva ajena, no siempre coincidente con sus expectativas, como puede ser el caso.

La búsqueda de una ciudad de oro es el motivo que empuja a un grupo de españoles a adentrarse en una selva densa, salpicada de peligros. Todos son varones, excepto dos mujeres (una, esposa del jefe de la expedición, y otra, criada de la primera, a la que da cuerpo Anna Castillo, precipitadamente ausente por el curso de los acontecimientos). Las intrigas, rebeldías y enfrentamientos internos marcan el desarrollo de la historia, además de la presencia de indios justificadamente belicosos. Todo ello va reduciendo el número de efectivos del grupo, no así sus ansias de riqueza y de huida de una vida sin horizonte ni futuro.

Están presentes en el elenco algunos intérpretes destacados en nuestro cine, que componen sus figuras con el tono chulesco y resabiado que les exige el guion. Además de la mencionada Anna Castillo, ponen rostro a sus personajes, entre otros, Barbara Lennie, José Coronado, Raúl Arévalo, Juan Diego o Luis Callejo (que compone una figura nada edificante del sacerdote que acompaña la aventura, y al que fustigaría sin remisión Bartolomé de las Casas).

Antonio Venceslá, cmf

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