En esta ocasión no comparto con vosotros un párrafo de un autor concreto, sino un texto encontrado en la publicación “Lectio Divina” de los Religiosos Carmelitas”  y que nos puede ayudar para explicar de una manera sencilla las diferencias entre el Cuarto Evangelio – San Juan, que estamos leyendo abundantemente estos días de Pascua- con los Sinópticos -Mateo, Marcos y Lucas-. Espero que os sirva.

José Manuel Caselles, cmf.

Una clave para el evangelio de Juan.

Todos perciben la diferencia que hay entre el evangelio de Juan y los otros tres evangelios: Mateo, Marcos y Lucas. Alguno lo define así: Los tres últimos hacen una fotografía, Juan hace una radiografía. O sea, Juan ayuda a los lectores a descubrir la dimensión más profunda que hay en lo que Jesús dice y hace. Revela las cosas escondidas que solamente los rayos equis de la fe pueden descubrir y revelar. Juan enseña a leer los otros evangelios con la mirada de la fe y a descubrir el significado más profundo. Jesús mismo había ya dicho que mandaría el don de su Espíritu para que pudiésemos comprender toda la plenitud de sus palabras (Jn 14,24-25; 16,12-13). Los antiguos Padres de la Iglesia decían: el evangelio de Juan es “espiritual” y “simbólico”.
Algunos ejemplos: (a) Jesús cura al ciego de nacimiento (Jn 9,6-7). Para Juan este milagro tiene un significado más profundo. Revela que Jesús es la Luz del mundo, que nos hace comprender y contemplar mejor las cosas de Dios en la vida (Jn 9,39). (b) Jesús resucita a Lázaro (Jn 11,43-44), no sólo para ayudar a Lázaro y consolar a sus dos hermanas, Marta y María, sino para revelar que Él es la Resurrección y la Vida (Jn 11,25-26). (c) Jesús cambia 600 litros de agua en vino en las bodas de Caná (Jn 2,1-13). Y lo hace no sólo para salvar la alegría de la fiesta, sino también y sobre todo para revelar que la nueva Ley del Evangelio es como vino comparado con la Ley precedente. Y lo hace con abundancia (¡600 litros!) precisamente para significar que a nadie le faltará hasta el fin de los tiempos. (d) Jesús multiplica los panes y alimenta a los hambrientos (Jn 6,11) no sólo para saciar el hambre de aquella gente pobre que le acompañaba por el desierto, sino también para revelar que Él mismo es el pan de la vida que alimenta a todos a través de la vida (Jn 6,34-58). Jesús habla con la Samaritana sobre el agua (Jn 4,7.10) , pero lo que Él quería era que ella llegase a descubrir el agua del don de Dios, que ya llevaba dentro (Jn 4,13-14). En una palabra, es el Espíritu de Jesús quien da vida (Jn 6,63). La carne o solo la letra no bastan y pueden incluso matar el sentido y la vida (2 Cor 3,6)

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