Ven, ven con nosotros, desnudo
de  pronombres marchitos.
La mar está ahí, frente a nuestros labios
sedientos.
Arrópate en su olas  amarillas.
Avanza.
La mar nos reclama.
Invita a sumergirnos
para iniciar el rito de la vida.

Y de pronto, surgir de la marea
que agita nuestra piel y cicatriza
la herida de los besos indolentes,
renacidos del agua y del espíritu bueno.

El tacto de ser libre nos redime
de cadenas y redes,
de laberintos cálidos
y de palabras huecas.

No hay derrotas.
Solo un compás de lunas nuevas.

Algún día, no sé cuándo, algún día
sellaré este laberinto a cal y versos.
Algún día, quizás, cuando la luna
no empañe nuestros párpados.

Mientras tanto, ¿dejar que el tiempo pase
hasta colmar la orilla de los miedos?
¿Acomodar el beso a la rutina?
Los puntos suspensivos nos delatan.

Punto final a la nostalgia,
a los pasos perdidos y a las sendas
selladas. Nos quedan herramientas
para abrir un sendero iluminado
que nos devuelva a la esperanza.

Esta sed libertaria está manando
y en el brocal del pozo
agonizan los pájaros de cobre.

Blas Márquez, cmf

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