22 de abril 2018. Jn 10, 11-18

Hay muchas personas a las que consideramos líderes, ídolos, modelos de identificación o como queramos llamarlos, porque vemos reflejados en ellos cualidades o aptitudes que nos gustaría tener. A cantantes, porque expresan con su música sentimientos que llevamos dentro; a deportistas, porque realizan físicamente actividades para las que no estamos capacitados; a escritores, por la facilidad para contarnos acontecimientos; o a políticos porque nos proponen modos de vida que reflejan cómo nos gustaría que fueran las cosas. Parece que estamos necesitados de ciertos guías.
La palabra de Dios nos propone a Jesús como el Buen Pastor, ese guía en quien depositar nuestra confianza porque nunca nos defraudará. Se distingue de los otros porque nos conoce personalmente, está dispuesto a sacrificarse por los suyos, siempre va por delante marcando el camino. Lo refrenda con su vida. Y nos llama a seguirle, a convertirnos también en alguien que pueda mostrar el camino a los demás. Los que son pastores, padres de familia, educadores, catequistas, jefes o superiores, han de ser modelos de referencia para todo el que quiera vivir desde el amor y la justicia, y no desde la búsqueda de sí mismo o de las propias conveniencias.

Juan Ramón Gómez, cmf

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