15 de abril 2018. Lc 24, 35-48

No son pocos los cristianos que ante el acontecimiento de la Resurrección del Señor se plantean ciertas dudas y ofrecen algunas opiniones que, me parece, no concuerdan demasiado con lo que podemos deducir de los relatos evangélicos. Algunos opinan que no resucita el cuerpo, sino el alma. Otros que es simplemente el alma, que no muere. Incluso quienes hablan de reencarnación mejor que de resurrección…
Es posible que algunas cosas no las entendamos bien: – aparece en un sitio estando las puertas cerradas; – en un primer momento no lo reconocen, aunque solo han pasado tres días; – no todos lo ven…
Pero hay otros aspectos que el mismo Jesús deja claros: – soy yo, no soy un fantasma…; – mirad las señales de los clavos…; – tocadme y ved que tengo carne y huesos…; – ¿tenéis ahí algo de comer?…; – vosotros sois testigos de todo esto. Y también les dice: todo lo escrito sobre mí en la Ley y los Profetas tenía que cumplirse. El que crea en mí no morirá para siempre y le resucitaré en el último día…

Jesús se hace presente en medio de la comunidad. Esta es la realidad pascual vivida por los primeros testigos. Y esto es lo que tenemos que vivir nosotros. Nuestra tarea como cristianos es hacerlo presente, y esto solo es posible a través del amor a los demás.

Juan Ramón Gómez, cmf

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