La reacción de miedo experimentada por los discípulos al aparecérseles el Resucitado pronto se convierte en confianza al comprobar los estigmas de la cruz y al explicarles Jesús cómo los hechos acaecidos se confirmaban en las Escrituras. A partir de entonces, ¡alegría desbordante!. Dos reflexiones se nos ocurren desde aquí:

1.Nosotros, ya longevos, en nuestra juventud sentíamos miedo o tal vez recelo ante la creencia en un Dios juez severo, pero cuanto más hemos ido conociendo la vida y las enseñanzas de Jesús tanto más ha ido cambiando nuestra idea del Dios justiciero por la de un Dios Padre que nos ama y de un Dios Hijo que nos entrega su vida para interceder por nosotros. Esa evidencia es la que nos lleva a la conversión. El reconocimiento de Jesús resucitado nos incita a amar a Dios y a querernos todos como hermanos. ¡Alegrémonos, pues, como los apóstoles y propiciemos esa imagen de Dios en medio de nuestra familia!

2. La resurrección no es sólo un acontecimiento que le ocurrió a Jesús sino también algo que nos sucede a nosotros y que experimentamos en el camino de nuestra vida. Cristo vive entre nosotros, de modo particular en los seres que más queremos, cuando nos amamos mutuamente, un amor que “apunta” hacia un futuro pleno que viviremos con El en la eternidad, acogidos por la Divina Misericordia.

Propuesta para cuidar tu familia:

Generemos momentos de alegría en nuestra familia, como forma de transmitir la alegría de la Pascua y, si tenemos oportunidad, hagamos reflexionar sobre el origen de tal alegría, que está en la alegría de la Resurrección, porque la alegría siempre es contagiosa.

Pilar Jiménez y Fernando Hernández

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