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“Una voz que me dice…”

(S. A. Mª. Claret. Autobiografía 114)

PRÁCTICA DE LA LECTIO DIVINA EN GRUPO

18 de Marzo de 2018: V DOMINGO DE CUARESMA

Disposición espiritual.

Haz silencio, exterior e interior. Invoca al Espíritu Santo con esta u otra oración: ¡Oh Señor Jesús!; te pido la alegría de comprender puramente tus palabras, inspiradas por tu Santo Espíritu. Amén.

Texto: Jn 12, 20-33

1. Lectura (lectio). Lo que el texto dice

Lee y relee tranquila y detenidamente este pasaje bíblico fijándote bien en todos los detalles. Descubre sus recursos literarios, las acciones, los verbos, los sujetos, el ambiente descrito, su mensaje. Tras un momento de silencio descubrimos juntos qué dice el texto.

No debemos perder de vista los dos tiempos a los que se refiere el evangelio de Juan: el tiempo de Jesús y el tiempo de la comunidad de Juan. El cristianismo naciente surge en un primer momento como un fenómeno judio para judíos, pero después se abre al mundo griego y pagano. En esa misión Felipe y Andrés, que son dos discípulos con nombres griegos, serán instrumentos de evangelización de este nuevo mundo.

Andrés y Felipe sirven de enlace entre los griegos y Jesús comunicando los deseos de aquellos. Pero Jesús sorprende con su respuesta: “Ha llegado la hora en que el Hijo del hombre va a ser glorificado”.

Jesús habla de su pasión, muerte y resurrección con dos términos muy presentes en el cuarto evangelio: la “hora” y la “glorificación”. Siente próxima la presencia de esa hora, que es la de la cruz. Será entonces cuando el mensaje salvífico alcance a todos los rincones de la tierra, cuando el mundo griego y el mundo pagano en general, verán a Jesús. En el mismo sentido está tomada la metáfora del grano de trigo, que acentúa la necesidad de la muerte para dar fruto.

Jesús aplica a la vida del discípulo lo que dice de sí mismo. El creyente ha de vivir, como el Maestro, desde el servicio y el seguimiento más radical, sabiendo que correrá su misma suerte. El recuerdo de este camino hace mella momentáneamente en Jesús y nos recuerda el pasaje de Getsemaní que relatan los sinópticos (Mc 14,32-42 y par). Pero él, que es Señor y domina totalmente la situación, asume su destino porque sabe que ésta es la voluntad del Padre. La respuesta de éste es inmediata.

La voz del cielo habla de glorificación, una palabra que ha aparecido en versículos anteriores y que está muy relacionada con la “hora”. Como veíamos en el evangelio del domingo pasado, en la cruz se expresa el triunfo definitivo de Jesús, el momento de su mayor gloria, porque en la cruz está presente la “elevación”. Dicho de otro modo, para Juan el Crucificado es a la vez el Resucitado.

Desde la cruz Jesús da la vida eterna al que cree (Jn 3,17) y también se realiza el juicio del mundo. La cruz es posibilidad de salvación. Gracias al Crucificado y Glorificados Dios atrae hacia sí un nuevo pueblo que puede “ver” a Jesucristo. Misioneros como Felipe y Andrés y cada uno de los miembros de la comunidad joánica, harán posible este deseo que se coloca, al comienzo del pasaje del evangelio de hoy en boca de “algunos griegos”. La Buena Noticia desborda el marco histórico de Jesús para dirigirse a los contemporáneos del evangelista y a los creyentes de todos los tiempos.

2. Meditación (meditatio). Lo que el texto me dice

Permite que lo leído baje hasta el corazón y encuentre en él un centro de acogida donde pueda resonar con todas las vibraciones posibles. Es Dios mismo quien te atrae y te habla al corazón. Se trata de una “rumia” -ruminatio- que va haciendo que la Palabra vaya calando dentro, hasta quedar del todo hecha carne propia. Déjate seducir por la Palabra. Sigue sus hondos impulsos. Quédate con algún verso o frase.

Nos acercamos al final de la Cuaresma y ante nuestros ojos aparece cada vez con más claridad el destino de muerte de Jesús. Junto al anuncio de su glorificación tenemos un programa de vida cristiana y también un camino para dar fruto abundante y participar en su resurrección.

– En el evangelio de hoy Jesús ora al Padre. ¿En que se parece mi oración a la de Jesús?

“Quisiéramos ver a Jesús… Felipe y Andrés se lo hicieron saber a Jesús”. Quienes nos rodean, ¿anhelan ver a Jesús? Antes de colocarnos nosotros como protagonistas, ¿lo hablamos con Jesús, se lo hacemos saber a él para que sea el centro?

– El pasaje de hoy está cargado de expresiones que invitan a la esperanza. ¿Cuáles descubres en el texto? ¿Qué interrogantes se alzan frente a mi esperanza cuando descubro el camino que se me ofrece?

3. Oración (oratio). Lo que yo digo a Dios y lo que Dios me dice a partir del texto.

Habla ahora a Dios. La oración es la respuesta a las sugerencias e inspiraciones, al mensaje que Dios te ha dirigido en su Palabra. Haz silencio dentro de ti y acoge las palabras de Jesús en tu corazón. Ora con sinceridad con confianza. Orar es permitir que la Palabra, acogida en el corazón, se exprese con los sentimientos que ella misma suscita: acción de gracias, alabanza, adoración, súplica, arrepentimiento… Es el momento de la celebración personal y comunitaria. Sobre todo, deja hablar a Dios nuestro Padre. Practicando estas palabras, terminarás por transformarte en El

La necesidad de la fe y la dinámica de servicio, renuncia y entrega para fructificar que hoy la Palabra de Dios ha puesto ante nuestros ojos sólo pueden ser descubiertas y aceptadas por medio de la oración. Por eso, vamos a orar juntos.

Compartimos nuestra ORACIÓN según el pasaje haya resonado en cada uno de nosotros.

CANTAMOS “Victoria, tú reinarás” o un canto similar de adoración de la cruz.

VICTORIA, TU REINARÁS, OH CRUZ, TU NOS SALVARÁS.

1.- El Verbo en Ti clavado, muriendo nos rescató;
de Ti, madero santo, nos viene la Redención.

2.- Extiende por el mundo, tu reino de salvación,
oh Cruz, fecunda fuente de vida y bendición.

3.- Impere sobre el odio tu reino de caridad,
alcance las naciones el gozo de la unidad.

4.- La gloria por los siglos a Cristo libertador.
Su Cruz nos lleve al Cielo, la tierra de promisión.

4. Acción misionera (actio). Hágase en mi según tu palabra

Todo encuentro con el Señor de la vida, presente en su Palabra, culmina en la misión. Hay que cumplir la Palabra, para no ser condenado por ella. La Palabra, si se ha hecho con sinceridad los pasos anteriores, posee luz suficiente para iluminar nuestra vida, y fuerza para ser llevada a la práctica. El fruto esencial de la Palabra es la caridad. Deberíamos acabar pronunciando las palabras de la entrega misionera del profeta ante el Señor, que pide nuestra colaboración : “Aquí estoy, envíame” (Is 6,8). María, tras escuchar la Palabra y darle su aceptación, se puso en camino (Lc 1,39).

  • La norma del vivir de Cristo y del cristiano es la del grano de trigo ¿Cómo somos en nuestro estilo de vida cristiano “grano de trigo que muere”?

  • ¿Qué hacemos personalmente y como Iglesia para que otros “vean” a Jesús? ¿El Jesús que presentamos es el que se revela en el pasaje de hoy?

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