«Celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido, estaba perdido, y lo hemos encontrado». 

En este trozo del Evangelio aparecen distintas personas: un padre que espera constantemente a su hijo, un hijo que se marcha de la casa del padre, un hermano celoso y protestón, un personal de servicio…

Todos actúan, casi todos pronuncian palabras, realizan gestos, expresan sentimientos… 

Si tuvieras que elegir un protagonista, ¿a cuál de ellos elegirías tú?.

Yo no elegiría a ninguno de estos personajes como protagonista. Para mí el verdadero protagonismo de esta parábola lo tiene la MISERICORDIA DEL PADRE. 

Esa MISERICORDIA 

+ es la verdadera casa a la que vuelve el Hijo ausente, 

+ es el verdadero regazo en el que es acogido, 

+ es el verdadero corazón en el que se siente amado y querido, 

+ es el verdadero banquete en el que este hijo perdido encontrará de nuevo la alegría…

A lo largo del día de hoy lee todas las veces que puedas esta parábola. Saboréala. Y siéntete como ese hijo pródigo: Inmerso o inmersa en la MISERICORDIA de tu Padre. 

VUELVE. Reconcíliate con Dios. El Padre siempre desea tu vuelta.

Buenos días.

Antonio Sanjuán, cmf

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