11 Marzo 2018. Jn 3, 14-21

El evangelio de este domingo es una parte de la conversación que Jesús tuvo con Nicodemo, fariseo y maestro de la Ley. Es el modelo de cómo entiende un judío la salvación: por el cumplimiento literal de la Ley de Moisés. Jesús le hace ver que no es eso lo que salva, sino que es la acción de Dios, el amor que El nos tiene. Un amor incondicional y sin límites

Estamos a 15 días del Domingo de Ramos. Se acerca el final de la Cuaresma, que nos lleva a la muerte y resurrección de Jesús, y es posible que aún no caigamos en la cuenta del gran misterio de amor que encierra esta acción de Dios. Mejor la palabra de Dios que la mía: «Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él” (del evangelio de san Juan). Y san Pablo nos dice: «Dios, rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, estando nosotros muertos por nuestros pecados, nos ha hecho vivir en Cristo».

Si Dios actúa así con nosotros, debemos ser agradecidos y corresponder a este amor. ¿Soy consciente de ello? ¿Me ayuda este tiempo de cuaresma a acercarme a la luz del evangelio?¿Está mi vida iluminada por este amor de Dios?

Aún nos queda tarea hasta llegar a la Pascua.

Juan Ramón Gómez, cmf

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