Esta sección “Compartiendo Vida. Creciendo en cordialidad” quiere abrirse también al compartir de personas más allá de nuestra Provincia y nuestra Congregación. Personas de nuestra familia claretiana o de nuestras posiciones que quieran abrir su corazón y ofrecernos alguna experiencia o reflexión personal en su encuentro con Dios, en su vivencia de la fe, de la Vocación…

Así, hoy traemos a Mª Luisa Azor Oliver, miembro del Instituto Filiación Cordimariana, instituto que forma parte de la Familia Claretiana y que, por cierto, está este año celebrando el 75ª Aniversario de su constitución. Le agradecemos su compartir y aprovechamos para felicitar a todas nuestras hermanas “Hijas del Inmaculado Corazón de María-Filiación Cordimariana”

“CAMINAR DE ESPALDAS”

Siempre se dice que, en la vida, “no hay que mirar atrás ni para coger carrerilla”, pero una vez en clases de Profetas, la profesora nos decía que el cristiano tiene que caminar en la vida de espaldas. Nos decía, que el pueblo de Israel avanzaba a pesar de todo lo que tenía que vivir porque era capaz de caminar así, de espaldas,reconociendo en su historia la mano de Dios.

Reconozco que profundizar en la Sagrada Escritura me ensancha el alma, y me hace estar siempre mirando la propia vida, o mejor, me empuja a contemplar la presencia de Dios en mi vida, y esta frase me sigue tocando el corazón desde que la escuché… 

Es cierto que muchas veces es realmente fácil sentir la presencia de Dios en la vida: cuando todo está en orden, cuando cada día trae “lo previsible” -incluso con sus dificultades- eres capaz de sentir que caminas sobre tierra firme. Pero la vida, que es apasionante, a veces parece que te tambalea: cambios que a veces tienes que vivir, enfrentarte a realidades novedosas, acompañar el sufrimiento de personas cercanas,…situaciones que te zarandean el suelo y no sabes cómo caminar y acompañar a otros a que lo hagan… Entonces es cuando, especialmente,me sé invitada a “caminar de espaldas”. Caminar mirando la propia historia, descubriendo cómo Dios es siempre presencia amorosa, cómo a Dios no se le ha escapado ni un detalle en mi vida ni en la vida de los demás; caminar de espaldas, mirando cómo nunca he ido sola porque Dios me ha regalado siempre alguien -esperado o inesperado- que me da luz en el camino y me ayuda a descubrir la Voluntad de Dios…

Y me siento infinitamente afortunada porque en cada vistazo que echo hacia atrás no solo veo a Dios, que es el único “Suficientísimo”, que diría el P. Claret, sino que además contemplo emocionada la presencia de María con una potencia increíble. ¿Qué sería de mí sin María?

Y si me paro un poco más, mirando mi propia historia, encuentro un montón de rostros que me han llevado a Dios, un sinfín de palabras, de gestos, de silencios que me han puesto delante de Dios y me han puesto en camino…

¡Confieso que me encanta caminar de espaldas!

Luisa Azor, hicm

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