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“Una voz que me dice…”

(S. A. Mª. Claret. Autobiografía 114)

PRÁCTICA DE LA LECTIO DIVINA EN GRUPO

18 de Febrero de 2018: I DOMINGO DE CUARESMA

Disposición espiritual.

Haz silencio, exterior e interior. Invoca al Espíritu Santo con esta u otra oración: ¡Oh Señor Jesús!; te pido la alegría de comprender puramente tus palabras, inspiradas por tu Santo Espíritu. Amén.

Texto: Mc 1, 12-15

1. Lectura (lectio). Lo que el texto dice

Lee y relee tranquila y detenidamente este pasaje bíblico fijándote bien en todos los detalles. Descubre sus recursos literarios, las acciones, los verbos, los sujetos, el ambiente descrito, su mensaje. Tras un momento de silencio descubrimos juntos qué dice el texto.

El relato de las tentaciones según san Marcos es un relato muy breve y va seguido de un resumen de la predicación de Jesús (Mc 1,14-15). Comencemos por el relato de las tentaciones. Para comprenderlo mejor conviene leer Mc 1,1-13.

En los primeros versículos del evangelio de Marcos (Mc 1,1-13) Jesús es presentado por una voz humana, Juan Bautista, y por la voz del cielo, Dios. El Bautista, el precursor de Jesús, lo presenta como el Mesías, y lo hace atribuyéndole la fuerza y el bautismo con Espíritu Santo (Mc 1,7-8). Por otra parte, la voz del cielo lo identifica Como Hijo de Dios, acreditado como Mesías por el Espíritu que desciende sobre él (Mc 1,10-11). Inmediatamente Jesús, el Mesías, el Hijo de Dios, es insertado por el Espíritu en el mundo y en la historia humana.

El Espíritu lleva a Jesús al desierto, que es el escenario en el que tendrá lugar la tentación. En la tradición bíblica el desierto es lugar de prueba (Dt 8,2-6), pero también es el ámbito privilegiado para el encuentro con Dios (Os 2,16). Cuando Marcos dice que Jesús fue tentado allí durante cuarenta días está pensando en los cuarenta años que el pueblo de Israel pasó en el desierto, y en las tentaciones que los israelitas no fueron capaces de superar. Jesús, sostenido por Dios, abre camino al nuevo pueblo saliendo victorioso de las pruebas que le pone el Adversario y ante las que sucumbió Israel.

Además, esta tentación de Jesús al principio de su ministerio recuerda las veces que fue tentado a lo largo de su vida pública, invitado a alejarse de la voluntad del Padre (por ejemplo Mc 8,31-33). Pero como poseía el Espíritu pudo hacer frente a todo lo que se opusiera a Dios. Y es que las tentaciones son eso, invitaciones a optar por un proyecto que no es el del Padre, propuestas para renegar de la condición de Hijo amado y abandonar la misión encomendada.

Superadas las tentaciones, se abre el tiempo definitivo y último de la historia. Jesús mismo proclama la inauguración de un tiempo nuevo.

En dos versículos, Marcos resume la predicación de Jesús (Mc 1,14-15) y le presenta como heraldo de una noticia gozosa: el Reino de Dios. Jesús habla de este Reino como de una realidad conocida, presente y futura a la vez, pero no la define porque los judíos esperaban un reino de justicia y paz inaugurado por Yavé en el que los oprimidos serían liberados. Jesús reaviva esta esperanza y proclama con palabras y obras la llegada de la soberanía de Dios sobre todos los pueblos, un Dios que se muestra especialmente cercano a los más débiles y marginados. Fijaos cómo a este anuncio le sigue una invitación.

El Reino irrumpe en nuestra historia como un don que recibimos y una tarea que se nos encarga. Así aparece en toda la vida de Jesús y es evidente también en este sumario del evangelio de Marcos. La conversión implica un doble movimiento. Supone por una parte el esfuerzo del ser humano en cambiar de vida y por otra la apertura a lo gratuito. Igual que la fe se nos regala y a la vez la cultivamos, la conversión comienza cuando acogemos el Reinado de Dios que transforma nuestra vida y se fortalece en la medida en que nos implicamos en su construcción. Reinado de Dios, fe y conversión son, por tanto, realidades íntimamente entrelazadas.

La Cuaresma es un tiempo de desierto para los cristianos. En este desierto uno se queda con lo esencial y se ve obligado a entrar dentro de sí mismo para ver cuáles son las dificultades que pretenden desviarnos del camino del seguimiento. Pero la Cuaresma es también lugar de conversión y de encuentro con Dios, momento privilegiado para dejarnos convertir y recrear a imagen de Jesús, el Hijo que salió victorioso de todas las tentaciones.

2. Meditación (meditatio). Lo que el texto me dice

Permite que lo leído baje hasta el corazón y encuentre en él un centro de acogida donde pueda resonar con todas las vibraciones posibles. Es Dios mismo quien te atrae y te habla al corazón. Se trata de una “rumia” -ruminatio- que va haciendo que la Palabra vaya calando dentro, hasta quedar del todo hecha carne propia. Déjate seducir por la Palabra. Sigue sus hondos impulsos. Quédate con algún verso o frase.

Para nosotros, discípulos de Jesús, la Cuaresma se nos presenta como tiempo de desierto, de conversión, de encuentro con Dios.

– El Espíritu es quien empuja con fuerza a Jesús. ¿Qué lugar ocupa en mi vida el Espíritu Santo? ¿Me dejo conducir por él?

El desierto es lugar de encuentro y de tentación. ¿En qué situaciones de la vida nos encontramos “en el desierto”? ¿Cómo percibo la presencia de Cristo en esas situaciones?

– Jesús se enfrenta durante toda su vida a la tentación pero sale vencedor. ¿Qué motivos de esperanza suscita en ti este pasaje?

– Jesús anuncia la llegada del Reino de Dios y de este modo enlaza con una esperanza judía que llevaba viva mucho tiempo. ¿Qué esperanzas te mueven a ti? ¿Tienen algo que ver con el Reinado de Dios?

3. Oración (oratio). Lo que yo digo a Dios y lo que Dios me dice a partir del texto.

Habla ahora a Dios. La oración es la respuesta a las sugerencias e inspiraciones, al mensaje que Dios te ha dirigido en su Palabra. Haz silencio dentro de ti y acoge las palabras de Jesús en tu corazón. Ora con sinceridad con confianza. Orar es permitir que la Palabra, acogida en el corazón, se exprese con los sentimientos que ella misma suscita: acción de gracias, alabanza, adoración, súplica, arrepentimiento… Es el momento de la celebración personal y comunitaria. Sobre todo, deja hablar a Dios nuestro Padre. Practicando estas palabras, terminarás por transformarte en El

Jesús experimentó las tentaciones y venció al Tentador. Igual que Cristo, quienes se dejan guiar por el Espíritu salen victoriosos. Si se lo permitimos, Dios puede reinar en nuestro corazón, en nuestra sociedad, en nuestro mundo. Hablemos con él desde lo que nos ha sugerido este pasaje.

ORACIÓN compartida.

Rezamos juntos el PADRENUESTRO, haciendo hincapié en la ultimas peticiones de esta oración.

4. Acción misionera (actio). Hágase en mi según tu palabra

Todo encuentro con el Señor de la vida, presente en su Palabra, culmina en la misión. Hay que cumplir la Palabra, para no ser condenado por ella. La Palabra, si se ha hecho con sinceridad los pasos anteriores, posee luz suficiente para iluminar nuestra vida, y fuerza para ser llevada a la práctica. El fruto esencial de la Palabra es la caridad. Deberíamos acabar pronunciando las palabras de la entrega misionera del profeta ante el Señor, que pide nuestra colaboración : “Aquí estoy, envíame” (Is 6,8). María, tras escuchar la Palabra y darle su aceptación, se puso en camino (Lc 1,39).

– Jesús fue tentado porque asumió en su vida el proyecto del Padre, el Reino. ¿Cuáles son las dificultades (“tentaciones”) más frecuentes que nos amenazan, personalmente y como Iglesia, si nos implicamos en el Reinado de Dios? ¿Qué pistas encontramos en este pasaje para hacerlas frente?

– Jesús supera las tentaciones e invita a la conversión, a cambiar de mentalidad, para acoger la lógica desconcertante del Reino. Desde las dificultades (“tentaciones”) que encuentras en tu vida de bautizado. ¿Cuál debería ser tu camino de conversión durante esta Cuaresma? ¿Qué vas a hacer para encaminarte por él?.

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