“¿Por qué comentáis que no tenéis pan? ¿No acabáis de entender? ¿Tan torpes sois? ¿Para qué os sirven los ojos si no veis y los oídos si no oís?”.

Vivimos tan ocupados y preocupados por nuestras propias cosas que no acabamos de entender las cosas de Dios.

Ayer queríamos abrir el corazón a las maravillas y regalos que diariamente el Señor pone ante nosotros y pone en nuestras manos.

En el Evangelio de hoy Jesús enseña a sus discípulos a abrir los ojos y que se den cuenta de que en los hechos diarios de nuestra vida es donde Él se manifiesta.

Los discípulos no acaban de entender las enseñanzas de Jesús porque siguen teniendo abierto su corazón a esquemas muy distintos a los esquemas del Maestro.

Procura estar también hoy muy atento o atenta al discurrir de este día. En los pequeños acontecimientos te irá enseñando el Señor Jesús sus caminos y en estos pequeños acontecimientos se te manifestará.

Que los ojos te sirvan para ver las maravillas de Dios y tus oídos te sirvan para escucharlas. 

Buenos días.

Antonio Sanjuán, cmf

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