«Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí». 

Una vez más, Jesús quiere que te mires en profundidad no vayas a caer en el pecado de los fariseos y de los maestros de la ley. 

Ellos pensaban que con observar externamente unos ritos y con recitar mecánicamente unas oraciones ya tenían bastante. 

Y miraban con malos ojos a quienes, por cualquier razón, rompían algunos de estos preceptos. 

No se daban cuenta de que lo bueno y lo malo reside en el corazón de cada ser humano.

Si el corazón está sano brotarán buenas palabras, buenos sentimientos y buenas acciones. Pero si el corazón está podrido todo lo que de él brote será basura.

Revitaliza tu corazón para que todo lo que brote de él sea vida y vida en abundancia. 

La mejor medicina y vitamina para tu corazón es la oración y los sacramentos. 

Buenos días.

Antonio Sanjuán, cmf

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