Este mes queremos acercarnos a una de las periferias más duras con las que podemos encontrarnos: las de las adicciones. De entrada sabemos que esto abarca muy variadas situaciones: alcohol, drogas, etc. Además, suelen ir acompañadas de otras vivencias autodestructivas y dañinas. Sin duda es un reto para la sociedad integrar a todas las personas que padecen circunstancias así. Para ello, lo primero -y como siempre- será reconocer en esos hombres y mujeres… hermanos necesitados de acogida, acompañamiento… Por eso, hoy os traemos la historia de uno de estos “hermanos” que ha vivido -y aún padece sus consecuencias- en el mundo de la adicción al alcohol. Aunque ahora está en proceso de sanación no le está resultando nada fácil. Entre otras cosas por los prejuicios de quienes les conocen. Por eso prefiere mantenerse en el anonimato. Nos deja más abajo algunos retazos de su historia.
Dentro de dos semanas completaremos este artículo con las indicaciones de un experto en estos temas, para ayudarnos  a que las adiciones, por duras que sean, no construyan periferias.

Agustín Ndour.

Nací en un pueblo de Granada hace unas décadas.

Me crié en una familia humilde y con grandes problemas debido a la afición de mi padre por el alcohol. Eso trajo situaciones muy dolorosas por el comportamiento de mi padre con todos. De modo particular fue mi madre la que vivió más intesamente la violencia y situaciones tremendas que me duelen mucho recordar. Y si no pillaba a mi madre…lo hacía conmigo. Puedo decir que no tuve la oportunidad de vivir la infancia. Todos mis recuerdos en torno a esa etapa y la juventud son oscuros. Era una situación muy difícil.

A eso se añadió que, desde muy pronto, con 13 años, dejé de ir a la escuela (nunca me gustó) y mi padre me hizo trabajar cuidando ovejas, añadiendo a eso que me hacía pasar por situaciones de mucha vergüenza como cargar estiércol los fines de semana. Cuando pasaban las niñas que me gustaban me sentía muy incomodo; me daba mucha vergüenza que me vieran así.

Además -como era de esperar por el ámbito en el que vivía- comencé muy pronto yo también a beber y a tontear con la droga (porros…)

Así, cuando llegué a las 18 estaba deseando irme de casa. Marché con una hermana y su novio a Suiza. Allí estuve un año y medio trabajando.

Y cuando volví, por no ir a mi casa, fui a alistarme a la Legión en Ronda, aunque había salido excedente de cupo. Pero me echaron el primer día porque iba borracho.

Entonces empecé a ir de un sitio a otro (Málaga, Algeciras…) buscando la posibilidad de alistarme pero no lo conseguí por el precedente en Ronda.

Mi padre, al enterarse de todo esto, me machacaba diciendo “¡H. de. p.! ¡Si no te quieren ni en la Legión!”.

Tuve que marcharme a la casa de un abuelo mío que estaba vacía. Entre otras cosas porque mi padre amenazó con matarme con un cuchillo. Allí estuve 3 ó 4 meses. Hasta que mi madre se puso en contacto con otro hermano mío (que se fue en cuanto pudo de casa a Tenerife) para que me fuera con él. Porque en esos momentos se temía lo peor entre mi padre y yo. Estuve tentado varias veces de pegarle una paliza. Llegué a Tenerife. Pero yo ya iba alcoholizado. Aunque comencé a trabajar en uno de los mejores restaurantes de la ciudad…y gané dinero… no dejaba de beber para desahogarme.

Cambié a otro trabajo donde me ofrecían más dinero, pero todos los compañeros estaban metidos en la droga. Y yo comencé a tontear allí con la heroína. Eso hizo que comenzará también a robar para poder mantener el vicio. Me pillaron varias veces. Y estuve en la cárcel por varias temporadas. Salía y volvía a entrar. En una de esas condenas -y tras varias huelgas de hambre para reclamar mi traslado a la península- me llevaron a la cárcel de Albolote. También he estado en otras (Zaragoza…). Así hasta hace poco. Desde 1995 a 2014.

Después de salir, decidí meterme en Alcohólicos Anónimo por propia decisión. Porque sabía que necesitaba ayuda. Y me ha ayudado muchisimo. A raíz de entonces ha cambiado mi vida.

Es cierto que no ha sido fácil ni lo sigue siendo. En medio he tenido recaídas. Pero he sido capaz de superarlas.

Actualmente quiero seguir apostando por la nueva vida. Pero me doy cuenta de que me cuesta bastante. Llevo muy mal la soledad. Pasos los días sin compañía, solo en casa con mis perros. No obstante sigo haciendo por salir. Me van saliendo trabajillos en el campo y con el Ayuntamiento. En Cáritas del pueblo y los Servicios Sociales tratan de echarme una mano. Pero sé que aún me queda camino. Pero creo que haber aprendido la lección. Aunque tengo “traspiés” cada vez son más breves… y, por ejemplo, eso hace que ya no tenga conflictos con la gente, que la bebida me los ha traído y mucho.

Sé que lo voy a conseguir. Y en ello estoy. No quiero ser “periferia”. De hecho no lo soy, pero tengo que convencerme de ello. No le deseo a nadie lo que he vivido; ni a mis peores enemigos. Porque ha sido muy duro. Sé cuál ha sido mi parte y mi responsabilidad. Pero también he descubierto que soy fruto de mi historia. Yo he vivido mi vida pero pagando “el pato” de todo lo que me rodeaba.

Sea como sea, hoy vivo con esperanza.

J.M.

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