En estos últimos días podríamos centrarnos en tres Santos más o menos conocidos. Escolástica (10 de Febrero), hermana de san Benito (Jesús siempre elegía a familiares o parientes), Jacinta Marto (20 Febrero), hermana de Francisco, o bien san Valentín (14 Febrero) Este mártir del siglo III se atrevió, como pastor u obispo, a contradecir la orden del emperador Aurelio, que prohibía casarse a sus soldados. Valentín, haciéndole honor a su nombre, bendecía a manos llenas a las parejas, granjeándose con ello el distinguido título de “Patrón de los enamorados”.

Jacinta, ya en los comienzos del siglo XX, era la más pequeña y atrevida de los videntes de Fátima en 1917, corrigiéndole a Francisco, su hermano mayor, las prisas en el rezo del Rosario. A veces le decía en su ingenuidad: “Nuestro Señor tiene que estar contento con nuestros sacrificios, porque yo tengo tanta, tanta sed… Pero no quiero beber, quiero sufrir por su amor” (en aquel Agosto tan sofocante; y, por si fuera poco, en la cárcel, por orden del señor Alcalde).

Finalmente, Escolástica era la hermana menor de san Benito, que una vez al año iba a visitarlo en su convento para pasarse toda la noche conversando de Dios, y con Dios. Ante la brusca negativa del Abad, ella se encomendó directamente a su Dios, y el temporal hizo lo demás: la tormenta le impidió a él regresar al monasterio; y al tercer día vio cómo su hermana ingresaba en la Gloria, bajo la imagen simbólica de una paloma.

Y tú, ¿eres de los que, entre sus temas de conversación, incluye a Dios?

Antonio Bolivar, cmf

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