Hace dos semanas en esta sección os traíamos el testimonio de una persona que vive en “la periferia de las adicciones”. Algunos nos habéis comentado lo estremecedor de dicha historia y cómo, desde la misma, se entiende mejor el proceso que se recorre hasta caer en las redes de la droga, el alcohol… o cualquier otra dependencia. Pero nuestro objetivo aquí, como bien sabéis, no es contar solo historias de “periferia” sino ofrecer pistas, cauces… para que las mismas dejen de serlo, para que todas las personas tengan las mismas oportunidades para vivir dignamente. En esta ocasión hemos pedido iluminación a Manuel Mingorance, sacerdote y médico, y Director-Presidente de Proyecto Hombre Granada. 

Cómo el mismo nos ha dicho: “A mi me gusta dar este enfoque humanista y esperanzador a la persona con problemas de adicciones más que un listado de límites y normas”. Y es que es así. Si nos situamos ante las personas que viven sometidas a alguna toxicomanía con la esperanza de que de las mismas se puede salir, les será a todas ellas más fácil conseguirlo. En cambio, si nos situamos desde nuestros prejuicios, miedos, desconfianzas… se lo estaremos poniendo más difícil. 

Pongamos pues, todos, nuestro granito de arena para ayudar a tantos hermanos y hermanos nuestros que anhelan salir un día de este ámbito de exclusión. Que las palabras de Manuel nos animen a ello.

Agustín Ndour

De la adicción se puede salir

El fenómeno de la adicción es muy complejo y, por tanto, no siempre fácil de abordar. Son muchos los motivos que seguramente les lleva a las personas, hombres y mujeres, al consumo de sustancias tales como descubrir nuevas sensaciones, experimentar algo distinto y placentero a priori, curiosidad ante determinados efectos, poca madurez ante la presión del grupo de iguales… pero en el fondo yo considero que, consciente y sobretodo inconscientemente, anestesian con las sustancias realidades propias que les supone dolor, sufrimiento, insatisfacción, vacío… Muchas de estas personas, de alguna manera, no se han ajustado con el entorno y el medio en el que están insertos y lo mismo por falta de comunicación, principalmente comunicación emocional en la familia, muchas de ellas con un notable grado de desestructuración, sensación de soledad o vacío existencial, importantes carencias afectivas, ausencia de habilidades personales y sociales con las que afrontar los problemas y contratiempos que en la vida nos depara,… todo ello es anestesiado emocionalmente con el uso de sustancias. En definitiva, estoy convencido de que las sustancias tapan realidades que no se quieren ver y que no se afrontan con madurez y responsabilidad.

Me preguntaban, en alguna ocasión, ¿qué se le ofrecería a cualquier persona a cambio de un consumo problemático de sustancias? Contesté que se le aportaría vida, dignidad, libertad, autonomía, salud, responsabilidad, afecto… La vida es muy bonita como para no vivirla conscientemente. Yo estimo, humanamente hablando, que lo realmente significativo en la vida es que cada uno de nosotros decidamos desde qué emoción quiero vivirla (no es lo mismo vivirla desde la tristeza o desde la rabia o desde el miedo, que vivirla desde la alegría o desde la ternura) sabiendo, por una parte, que las emociones nos condicionan y, por otra, que es cierto que entramos en las emociones que nos permitimos entrar en función de nuestras interpretaciones y juicios, ya que nos constituyen.

De la adicción, con o sin sustancia, se puede salir. El verdadero protagonista en la rehabilitación es la propia persona. El equipo terapéutico multidisciplinar (médicos, psicólogos, trabajadores sociales, pedagogos, educadores,…) de Proyecto Hombre Granada acoge, asesora humana y profesionalmente, acompaña, motiva, confronta… pero el cambio lo hace la persona que tiene ese problema de adicción. Siempre se puede cambiar si uno quiere y está plenamente decidido. Siempre invitamos a la persona con problema de adicción a que asuma las riendas de su propia vida y que llegue a liderarse a sí misma. Son muchas ya las altas terapéuticas que hemos dado con transformaciones personales increíbles y con la propia convicción y certeza de que la persona que ha caído y se ha levantado es más fuerte que la que no ha caído.

Manuel Mingorance Carmona

Director-Presidente de Proyecto Hombre Granada

Médico y Sacerdote

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