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“Una voz que me dice…”

(S. A. Mª. Claret. Autobiografía 114)

PRÁCTICA DE LA LECTIO DIVINA EN GRUPO

07 de Enerode 2018: BAUTISMO DEL SEÑOR

Disposición espiritual.

Haz silencio, exterior e interior. Invoca al Espíritu Santo con esta u otra oración: ¡Oh Señor Jesús!; te pido la alegría de comprender puramente tus palabras, inspiradas por tu Santo Espíritu. Amén.

Texto: Mc 1, 6-11

1. Lectura (lectio). Lo que el texto dice

Lee y relee tranquila y detenidamente este pasaje bíblico fijándote bien en todos los detalles. Descubre sus recursos literarios, las acciones, los verbos, los sujetos, el ambiente descrito, su mensaje. Tras un momento de silencio descubrimos juntos qué dice el texto.

En el pasaje que hemos leído encontramos dos momentos distintos. Los primeros versículos, que ya comentábamos en el segundo domingo de Adviento, presentan algunos detalles del estilo de vida de Juan Bautista y de se predicación. A partir del versículo nueve, donde aparece Jesús por vez primera en el evangelio, se narra la escena del Bautismo. Vamos a leer todo el pasaje centrándonos en este segundo momento.

El bautismo de Juan era signo de arrepentimiento y conversión. De toda la región de Judea y todos los habitantes de Jerusalén acudían a él, reconocían sus pecados y eran bautizados. Sin embargo, el caso de Jesús es completamente distinto.

Jesús es el “fuerte”, ante quien Juan es indigno incluso de desatarle las sandalias. Todo en el pasaje está orientado a presentar a Jesús y destacar su dignidad. Juan se empequeñece para ensalzarle. Sólo es su precursor. Incluso dice que su bautismo es insignificante comparado Con el de Jesús: el bautismo en “agua” (símbolo de purificación y de penitencia ante el juicio) deja paso al bautismo en “el Espíritu Santo” (tiempo de la gracia, de experiencia del Espíritu).

Jesús llega desde Galilea para ser bautizado. Es otro elemento que le distingue del resto de los que se acercan al bautismo de Juan. Del bautismo de Jesús apenas se dice nada. Lo más importante del relato es lo que ocurre tras el bautismo, cuando Jesús sale del agua. Conviene que observemos despacio todos los detalles: se abre el cielo, desciende el Espíritu y habla Dios. Todo lo que sucede tiene que ver con Jesús. Es, ante todo, un momento privilegiado de manifestación en el que se revela quién es Jesús. El cielo se abre y hace posible la aparición del Espíritu y la audición de la voz. La presencia de Dios se ve y se oye. Para expresar la forma en que el Espíritu desciende sobre Jesús, el texto propone una comparación, una imagen, “como una paloma”.

Dios concedía su Espíritu a los antiguos profetas cuando les encomendaba una misión. La voz de Dios era para ellos una llamada. Pero de ninguno de ellos se dijo nunca que fuera hijo de Dios. La voz del cielo es, en este pasaje, una afirmación en clave de amor paternal. La llamada que Dios le hace a Jesús y la efusión sobre él del Espíritu Santo constituyen el punto de partida de su ministerio. La voz del cielo dirigida a Jesús dice: “Tú eres mi Hijo amado, mi predilecto”.

Al decir que Jesús es hijo de Dios, se está diciendo que su misión consistirá en hacer la voluntad del Padre. Jesús ha iniciado una nueva etapa. Ahora, gracias a él, tenemos un acceso abierto para comunicarnos con Dios, que es Padre y que vive en el cielo. El bautismo de Jesús nos recuerda nuestro propio bautismo y su sentido. Tenemos que recordarlo para que no se quede en un rito más o menos festivo que otros vivieron por nosotros. En él Dios nos hizo hijos suyos, nos permitió una nueva relación con él, relación cercana, amorosa, filial, y en ese preciso momento nos encomendó una misión, lo mismo que a Jesús.

2. Meditación (meditatio). Lo que el texto me dice

Permite que lo leído baje hasta el corazón y encuentre en él un centro de acogida donde pueda resonar con todas las vibraciones posibles. Es Dios mismo quien te atrae y te habla al corazón. Se trata de una “rumia” -ruminatio- que va haciendo que la Palabra vaya calando dentro, hasta quedar del todo hecha carne propia. Déjate seducir por la Palabra. Sigue sus hondos impulsos. Quédate con algún verso o frase.

El bautismo fue para Jesús un momento decisivo en su vocación, algo así como el pistoletazo de salida para iniciar su servicio al Reino. Por eso este pasaje no encierra sólo un mensaje para la primera comunidad cristiana. También nosotros recordamos y renovamos hoy el compromiso de seguir a Jesús que adquirimos en nuestro bautismo.

Antes de que Jesús se ponga a anunciar el Reino, recibe una llamada y una misión resumida en esta frase: “Tú eres mi hijo amado, en ti me complazco”. ¿Cómo te ayuda el pasaje de hoy a profundizar en el significado del bautismo de Jesús?

El Espíritu, la voz del cielo (Dios Padre) y el Hijo aparecen en comunión de amor. ¿Cómo experimento en mi vida de bautizado ese baño trinitario?

“Él os bautizará con Espíritu”. El Espíritu es signo de salvación, de tiempos últimos. ¿Me mueve el Espíritu que habita en mí a tener la certeza y la esperanza de que este tiempo en que vivo es definitivo?

3. Oración (oratio). Lo que yo digo a Dios y lo que Dios me dice a partir del texto.

Habla ahora a Dios. La oración es la respuesta a las sugerencias e inspiraciones, al mensaje que Dios te ha dirigido en su Palabra. Haz silencio dentro de ti y acoge las palabras de Jesús en tu corazón. Ora con sinceridad con confianza. Orar es permitir que la Palabra, acogida en el corazón, se exprese con los sentimientos que ella misma suscita: acción de gracias, alabanza, adoración, súplica, arrepentimiento… Es el momento de la celebración personal y comunitaria. Sobre todo, deja hablar a Dios nuestro Padre. Practicando estas palabras, terminarás por transformarte en El

La palabra de Dios ha mostrado el Bautismo de Jesús, fuente de su llamada y de su misión. En él se manifiesta la realidad profunda de Jesús, la que sólo podremos descubrir en verdad si respondemos a su llamada.

Presentamos al Señor, en forma de ORACIÓN, lo que nos ha sugerido la reflexión de este texto.

Hacemos, como celebración, la renovación de la promesas bautismales:

Hermanos: Por el misterio pascual hemos sido sepultados con Cristo en el bautismo, para que vivamos una vida nueva. Por tanto, renovemos las promesas del santo bautismo, con las que en otro tiempo renunciamos a Satanás y a sus obras y prometimos servir fielmente a Dios en la Santa Iglesia Católica.

Así pues, ¿renunciáis a Satanás, esto es: al pecado, como negación de Dios; al mal, como signo del pecado en el mundo; al error, como ofuscación de la verdad; a la violencia, como contraria a la caridad; al egoísmo, como falta de testimonio en el amor? ¿Renunciáis a sus obras que son: la envidia y el odio; la pereza e indiferencia; la cobardía y los complejos; la tristeza y desconfianza; la injusticia y los favoritismos; el materialismo y la sensualidad, la falta de fe, de esperanza y de caridad? ¿Renunciáis a todas sus seducciones, como pueden ser: el creeros los mejores; el veros superiores; el estar muy seguros de vosotros mismos; el creer que ya estáis convertidos del todo; el quedaros en las cosas, medios, instituciones, métodos, reglamentos, y no ir a Dios?

¿Créeis en Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra? ¿Créeis en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que nació de Santa María Virgen, murió, fue sepultado, resucitó de entre los muertos y está sentado a la derecha del Padre? ¿Creéis en el Espíritu Santo, en la Santa Igledsia Católica, en la comunión de los santos, en el perdón de los pecados, en la resurrección de la carne y en la vida eterna?

Que Dios todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos regeneró por el agua y el Espíritu Santo y que nos concedió la remisión de los pecados, nos guarde en su gracia, en el mismo Jesucristo nuestro Señor, para la vida eterna.

4. Acción misionera (actio). Hágase en mi según tu palabra

Todo encuentro con el Señor de la vida, presente en su Palabra, culmina en la misión. Hay que cumplir la Palabra, para no ser condenado por ella. La Palabra, si se ha hecho con sinceridad los pasos anteriores, posee luz suficiente para iluminar nuestra vida, y fuerza para ser llevada a la práctica. El fruto esencial de la Palabra es la caridad. Deberíamos acabar pronunciando las palabras de la entrega misionera del profeta ante el Señor, que pide nuestra colaboración : “Aquí estoy, envíame” (Is 6,8). María, tras escuchar la Palabra y darle su aceptación, se puso en camino (Lc 1,39).

Hemos sido bautizados en agua y en Espíritu, ¿cómo me impulsa a vivir este pasaje al servicio del Reino?

“Tú eres mi Hijo amado”. Jesús escuchó esto el día de su “bautismo”. También yo: ¿me siento hijo amado de Dios? ¿Entiendo mi filiación como un servicio o como un privilegio? ¿Cómo lo expreso en mi vida?

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