“Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron. Después, abriendo sus cofres, ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra.

Los magos se ponen en camino porque previamente Dios se ha puesto en camino hacia ellos, hacia su encuentro y, en ellos, hacia nuestro encuentro: “Hemos visto salir su estrella”.

Hoy Dios se deja encontrar por los desconocidos, por los que no están inscritos en la lista de los invitados ni en los registros de los que tienen todos los derechos. 

Los Magos han de “salir” del palacio de Herodes, han de “salir” de la ciudad santa de Jerusalén para seguir la estrella y encontrarse con el Niño en las “periferias”.

Lo encuentran con María, su madre, y se postran ante Él de rodillas. La pequeñez del Niño no es impedimento para ver en Él a Dios. Al contrario, esa sencillez y esa pequeñez es la transparencia del mismo Dios.

Esta fiesta de la Manifestación del Señor no está destinada a los que saben mucho y tienen mucho poder. 

Está destinada a los niños, a los humildes, a todos aquellos que se ponen en camino porque descubren una “estrella”, a todos aquellos que salen a las “periferias”, a todos aquellos que se exponen a la “intemperie” y a todos aquellos que saben ponerse de rodillas ante la pequeñez de un Dios hecho niño.

Que los Reyes Magos te encuentren hoy y siempre siendo pequeño para que te regalen montones de cosas buenas. 

Buenos días de Reyes Magos.

Antonio Sanjuán, cmf

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